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EN EL CAFÉ DE LOS J A R D I N E S D E L BUEN PASILLO EN CUATRO CUADROS RETIRO CUADRO I ADELA, V A L E E I A N O y D. LONGINOS. -Á poca distancia BBETA, personaje que no habla por ahora, pero que se abanica y examina descaradamente á todo el mundo. D. LoNGiuos. -Vamos, que si en Sigüenza tuvieran ustedes unos jardines como éstos, no se pasaría tan aburrido el tiempo. VALERIANO. Lanzando una mirada insinuante á Berta. ¡Ya lo creo! Cuando volvamos, voy á proponer en el casino que formemos una sociedad para abrir unos en la huerta del Obispo. Otra visual á la individua) ADELA. -Eso faltaba, que te metieras tú á empresario. D. LoxGiNos. -Pues, mire usted, tal vez hiciera un buen negocio. ADELA. (Q á se ha apercibido de los escarceos telegráficos de su esposo. ¡Ca! no, señor, lo que haría seria algún disparate gofdo! VALBKIASIO. -Pero, mujer, ¿tú qué entiendes de eso? D. LoNGiNOS. -Ya ve usted que Felipe gana aquí un dineral. VALERIANO. Va á mirar de nuevo á Berta; pero reparando que Adela le observa, adopta una postura indiferente. ¡Eso, eso; Felipe gana un dineral! ADELA. -Pero tú no eres Felipe, y entre tú, Faquín y Pepe Cinabrio convertiríais aquello en una merienda de negros Buenos danzantes estáis. El que no os conozca... VALERIANO. -Usted lo oye, D. Longinos. Ahora comprenderá usted por qué no progresamos en la provincia de Guadalajara. Una cosa tan inocente como llevar una compañía de ópera, barata, por supuesto, con un director regular ADELA. -Y unas coristas regulares y unas bailarinas regulares y hasta algunas espectadoras regulares, como esa del sombrero rojo que tanto miras. VALERIANO. Con indignación. ¿Yo? ADELA. -Sí, tú. ¡Estoy yo ciega! VALERIANO. Muy cariñoso. Vamos, tontina, vamos á oír el segundo acto de La Favorita. Aparte. íío vuelvo más á Madrid con mi mujer.