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184 BLANCO Y NEGRO riqueza, se construían frontones de nueva planta con todos los menesteres y aditamentos necesarios. La Diputación nombraba (y pagaba) un director técnico- -si asi puede decirse- -que regularizaba el juego y organizaba los partidos, con facultad de nombrar los jueces que, formando un tribunal inapelable, presidían el juego, aclarando dudas y resolviendo dificultades, según su leal saber y entender. Este director, empleado oficial y facultativo, llamábase intendente, é intendente se sigue llamando, sin duda por conservar la tradición, puesto que, habiendo desaparecido la organización oficial, podía llamarse más propiamente representante de la empresa ó director facultativo. Como el nombre no hace á la cosa, esa es cuestión de poco momento, y por mí puede ese apreciable funcionario seguir llamándose intendente hasta la consumación de los siglos. Al hablar de la antigua organización del juego de pelota en las Provincias Vascongadas, cabe preguntar ¿Qué interés tenían las Diputaciones ferales en costear y sostener ese espectáculo? El de vigorizar aquella raza. Los intrépidos marinos, los famosos guerrilleros, los trabajadores incansables de aquella región, deben gran parte de su fuerza y de su salud al ejercicio constante del juego de pelota. Propagada y arraigada la afición, las Diputaciones, una vez conseguido su propósito y convertida la higiénica diversión en lucrativo negocio, han abandonado el sostenimiento de los frontones, que ahora sirven para sostener á muchas empresas particulares. La facilidad de comunicaciones de una parte, y de otra el imperio de la moda, lleva todos los veranos uua gran parte de la sociedad madrileña á las provincias del Norte, y como el espectáculo favorito de aquel país es el juego de pelota, de ahí que la afición á dicho juego se haya ido propapagando entre nosotros hasta él punto de haber venido á constituir, á la hora presente, el verdadero sport. Allí donde se ha encontrado una pared con medianas condiciones, en una llanura débilmente apisonada, se ha establecido un juego de pelota y se ha bautizado el local con el pomposo nombre de Frontón. En vista de que la afición iba tomando cuerpo, ha habido quien, tomando la cosa en serio, ha edificado un verdadero frontón á todo coste j á todo lujo, aventurando en la explotación de ese negocio un capital de importancia. Tal es el frontón Jai- Alai de Madrid, establecido en la calle de Alfonso XII. El resultado es ya conocido. El público de Madrid- -desde la pulcra aristocracia hasta la honrada clase trabajadora- -llena con colmo todas las localidades del edificio, se interesa vivamente en el juego y se entusiasma con los atléticos efotens. La prensa periódica consagra preferente atención á los partidos, salen críticos competentes en la materia, y los profanos oímos con cierta curiosidad hablar de voleas, saques, rebotes, rasas, contrajuego y otra porción de cosas técnicas, de las cuales nos iremos enterando con el tiempo. -Realmente el juego de pelota es interesantísimo, y el interés sube de punto en aquellos espectadores que metálicamente (ó fiduciariamente) se interesan en la partida, en favor de los azules ó contra los rojos, ó viceversa, porque es de advertir que no hay más que esos dos colores, y que no luchan dos hombres contra otros dos, sino un color contra otro. P E T A R D O MUNICIPAL, POR ROJAS