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BLANCO Y NEGRO 183 Tal es el monumento: sencillo y severo, grandioso y elocuente á la vez. Nadie. que viera alzarse aquellas figuras blasonadas sobre elteraplo mejicano llevando un fe retro, en medio de lá catedral de la Habana, podría dudar de que aquel era el sepulcro de Golón. Es un mausoleo que no necesita epitafio; mas por si lo necesitara, á cerca: de tres metros de altura podría leerlo el observador, bajo las andas en que va la urna, juntamente con el escudo del. gran Descubridor. Arturo Mélida ha estado inspiradísimo: ha presentado de un modo conciso j perfectamente clara la idea del sepulcro de Colón, sin recurrir á obligadas y artificiosas alegorías, sino evocando con elementos reales y sencillos las grandes ideas que entraña ante la Historia el portentoso descubrimiento del Nuevo Mundo. La ejecución es primorosa y acabada. Los rostros de las figuras, las coronas, los bordados y recamos, todo, basta los más ínfimos detalles; está estudiado, modelado con carácter y con la peculiar elegancia que distingue á tan hábil artista. El estilo del grupo es el característico de la escultura á fines del siglo xv y, comienzos del XVI. El efocto. es muy rico, pues dichas figuras son policromas, y así sobre los negros trajes talares recamados de oro destacan: las: albas plateadas dé Castilla y León y las- bruñidas medias armaduras de Aragón y Navarra; encima las dalmáticas blasonadas de distintos metales; los rostros son blancos con ligera encarnación, y las cabelleras doradas. Esta policromía, qiie habría de ser, interpretada con mármoles y bronces de distintos colores y tonos, forma un conjunto hermosísimo. EDUARDO S. DE C A S T I L L A QQ a. Más parece exclamación de moro del Hiff, que nombre de juego de pelota. N a d a sin embargo, más propio de ese espectáculo- -importado de las provincias del Norte- -que una palabra del dialecto de esas mismas provincias. Jai- Alai significa, en vascuence, Fiesta aleare; y a u n q u e alegre parece u n a redundancia de fiesta (pues no se concibe u n a fiesta triste) resulta adecuado el calificativo, si por alegre se entiende anim a d a porque es, en efecto, el juego de pelota uno de los espectáculos más animados que ¿se conocen. Resulta, en definitiva, una fiesta varonil, enérgica- -si vale la expresión- -y de probada utilidad práctica desde el punto de vista de la higiene, ó- más propiamente dicho, de la fisiología. Ninguna clase de gimnasia contribuye tan poderosamente al desarrollo físico como el juego de pelota. Créese generalmente que este juego h a tenido su origen en las Provincias Vascongadas y que es tan antiguo, por lo menos, como el dialecto de aquel país, dialecto que algunos llaman idioma, y que, en opinión de más de u n filólogo, es n a d a menos que la lengua primitiva de los celtas. El juego y el lenguaje se parecen y se completan en lo tocante á su rudeza, que yo diría terquedad si no se ofendieran aquellos naturales, Por lo que al juego se refiere, es cosa averiguada, según mis noticias, que antes de ser- -como en la actualidad acontece- -espectáculo público, explotado por la iniciativa individual, era obligación del Estado (Diputaciones ferales) la edificación y sosténimierito de frontones, más ó menos importantes, según la localidad. E n algún pueblo pequeño servía de frontón u n a de las paredes de la iglesia; en otro se habilitaba la plaza para el propio fin, y en aquellas ciudades y villas de numeroso vecindario y de verdadera