Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
JHZÍKIRS PAISAJE VALENCIANO II. La hierbaluisa y la malvarrosa daban al viento todas sus fragancias desde sus graciosas agrupaciones; la albahaca y los alelíes respiraban en sus tiestos; los nardos, los claveles y las rosas hablaban por los codos en su perfumado lenguaje, y el eucaliptus cimbreaba sus aromáticas ramas esparciendo emanaciones tropicales. Solamente los geranios, las dalias, la adelfa y el granado guardaban silencio en aquel concierto de suavísimos olores; pero sus variadas corolas y sus verdes copas contribuían gallardarmente al encantador conjunto Albos y puros, como estrellas de blanquísima nieve cuajadas sobre un fondo de esmeralda, tapizan el jardín. Sus pétalos acaban de abrirse, y su delicado perfume, distribuido en infinitesimales átomos, embalsama el espacio... El silencio se enseñoreó de los campos; la angustiada chicharra cesó en su pertinaz canturria, dando reposo á los élitros, y el infatigable labrador regresó ya á su hogar, después de haber ganado eljpan del día con el sudor de su frente. En los establos descansaban las bestias, una vez saboreado el merecido pienso; las aves de corral dormían su primer sueño acurrucadas en sendos palitroques y metido el pico entre el suave plumón de la pechuga, y la triste y poética claridad del crepúsculo de la tarde envolvía el horizonte en resplandores de luz anaranjada Agostada la vegetación por los chorros de fuego del sol de. Agosto, renacía vigorosa y lozana. La brisa de tierra descendía del monte á la llanura para perderse en el mar, entreteniéndose antes en cabildeos amorosos con las ramas de los árboles y dejando entre ellas olores de la siembra (alhucema, romero, tomillo y manzanilla) Algún que otro pájaro rezagado piaba, piaba, camino del nido, y en el arcilloso cauce de las acequias, y por los guijarros del arroyo, corría ligera el agua besando al paso mejorana, juncos y hierbabuena, mui murando Dios sabe qué frases en sabe Dios qué idioma. Aquellos cantos rítmicos, melodiosos, de cristalinos acentos; aquellas articulaciones sonoras del agua y de las hojas se perdían en la enramada Entre tallos y flores fundiéronse en vagas é indefinidas ondulaciones sonidos, luz y aromas las vibraciones todas de la naturaleza y los mil rumores de la selva El crepúsculo iba de vencida Era delicioso el paisaje en que se recostaba la moruna alquería medio escondida entre corpulentos olmos, festoneada de parra, rodeada de macetas y escaladas sus paredes por una nube de plantas trepadoras sin olvidar un punto la secular higuera cargada de sabroso fruto que sombreaba la anchurosa portalada. Por allí corrían como su madreólos echó al mundo, curtí- ML.