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168 BLANCO y NEGRO leo en La Correspondencia; pero cuando habla alguno de los de mi partido, apruebo con el gesto y con las manos; y cuando el que habla es de otra parroquia, me hago el distraído, y me distraigo verdaderamente mirando á la tribuna de señoras, ó mejor dicho, á las señoras de la tribuna, que en verdad te digo que las hay superiores, y soberbiamente aderezadas. Hay alguna, que asiste asiduamente á la tribuna, que me recuerda siempre unos versos de una zarzuela de Ayala, que lei hace tiempo ¡Y qué bien debe saber Mujer tan bien alifiadíi! Te repito que rompas esta carta, no vaya á dar en manos de tu prima, mi amada esposa. Ahora ya no tomo de aquellos caramelos con que te dije solía obsequiarnos el Presidente, porque la otra tarde me excedí un poco en el dulce, y tuve una indisposición, que me río yo de la inviolabilidad de los diputados, si hemos de vernos expuestos, como cualquier chiquillo goloso, á molestias tan enojosas. ¡No se rió luego poco la sobrina de mi patrona, cuando la tuve que confesar que la culpa de todo la tenían los caramelos del Parlamento! También tuve un disgusto, pero de otro género, la otra tarde. Verás lo que sucedió. Hablaba un furibundo diputado de la oposición más radical, manoteando mucho j aparentando grande enojo, y parece que en un apostrofe dirigido al Ministro de Hacienda, dijo: Señor Ministro, me van á oirhasta los sordos. Continuó el hombre su perorata, y de pronto se detuvo leyendo un volante que le acababa de entregar un ujier. Un diputado chusco, que en todas partes, hasta en el Congreso hay chuscos, había escrito: Pues yo no le he oído á S. S. Y firmaba con mi nombre: Rigoberto Faletilla. fi Él, furioso, se encaró conmigo, y dicen que me puso verde, increpándome de la manera más desaforada, y desafiándome. Y todo el mundo se reía, enterado todo el mundo menos yo, de la chuscada del volantito. Muchos de mis colegas se acercaron á mí, excitándome, según supe después, á contestar ai provocador, y al fin me sacaron del salón, y en los pasillos me encontré frente á frente con mi airado enemigo, que me quería pegar. Parece que el volante le había cortado el hilo del discurso con que pretendía lucirse. Todo se explicó al fin; pero puedo asegurarte que no me enteré de nada hasta que leí en La Correspondencia la relación del incidente, por donde ya sabe todo Madrid y toda España, y toda Europa, que soy sordo como un marmolillo. El diputado, autor del volantito con mi nombre al pie, me figuro que es un andaluz muy travieso, también huésped de rñi patrona, y sin duda me tiene rabia porqtie habrá sabido que le digo siempre á la sobrina, esa hurí del Paraíso, que euidadito con el andaluz En cuanto á diversiones, como esta sordera me impide oir las voces de los cantantes, y en la ópera sólo llego á percibir un leve ruido cuando tocan el bombo, los platillos, los chinescos, y todo el metal, y la comedia para mí no es otra cosa que una pantomima pesadísima, y sólo disfruto el placer de ver á las cómicas cuando son muy guapas, y son pocas las que son guapas hasta ese punto, mi diversión única consiste en ir todas las noches á ver en el Circo de Price la pantomima acuática, donde