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Los apóstoles ESDE San Pedro, petra ecclesice, hasta San Pe dro, Alcalde constitucional, el oficio de apóstol ha venido muy á menos. Hace pocos días quisieron unos cuantos apóstoles constituirse en sociedad legalmente autorizada, y ¡oh incredulidad de los tiempos I el Gobernador de la provincia no lo consintió, alegando que su poder es terrenal y no puede inmiscuirse en asuntos divinos. Por efecto de esta negativa, la gente que en ellos fiaba está inconsolable. Ruegos, súplicas, razones nada ha podido convencer al Marqués de Viana para que modifique su opinión respecto á los apóstoles, y éstos lamentan, separados de sus clientes de Lavapiés, las Vistillas y el portillo de Gilimón, que personas adornadas con facultades sobrenaturales tengan que sufrir las tiranías die los descreídos K de siecle, Pero ellos deben estar tranquilos. La gloria popular que les rodea puede compensarles de las penalidades que sufren en su paso por el mundo. placeres de la tranquilidad reemplazan á las emociones de la carrera, es uno de los alicienifes de la vida nocturna de Madrid en estos tiempos en que las aceras de asfalto se derriten y los hombres, á nada que anden, se liquidan. A Biarritz! fEEDADEKAMENTE ya uo hay distancias. Los madrileños que desprecian los Jardines, no les agradan los circos ó no se resignan con las obscuridades de Recoletos, acuden todas las noches al Biarritz situado en los finales del barrio que inició el opulento Marqués de Salamanca, por módicos Iñ céntimos y 20 minutos. El que hoy no se da tono pregonando las excelencias de Biarritz, bien puede decirse que es modesto por naturaleza. Biarritz está á las puertas de nuestras casas, y en él los espíritus acomodaticios y los cuerpos poco exigentes encuentran satisfacciones bastantes con que distraerse de la nostalgia del pueblecito francés. Un viaje á Biarritz se hace, pues, con más facilidades que un viaje al Hipódromo ¿quién habló de las biolestias y las intranquilidades del tren? Algunos recién casados que iian querido seguir la moda de gozar de la luna de miel lejos del mido mundanal, se han despedido para nuestro Biarritz, y, á él van á parar muchos también de los que se des- pidieron de sus amigos para el Biarritz auténtico. Cariñoso, fresco, alegre, adornado con banderolas y farolillos venecianos, lo que empezó por desmontes y caserones para el tranvía, es hoy un punto de veraneo como cualquier otro, y al alcance de todas la fortunas. Allí, entre la zurra helada y la sangría de limón y Valdepeñas, se pasa el tiempo con la misma rapidez que en la costa; y- será curioso por demás, cuando la inmigración, se inicie, oir diálogos como el siguiente: ¿Y qué tal por. B B- ritz? -i Perfectamente sobre todo los churros y las rajas de sandía! La montaña rusa ÍODAS las noches la gente que á las doce se retira de los paseos, oye alarniada un vocerío infernal al propio tiempo que un ruido seco, agrio, estridente. E s que unos cuantos se divierten viajando en la montaña rusa. líuestro carácter meridional ha acudido para emocionarse á divertimientos de las regiones del hielo y las pieles. La montaña rusa, comoAodo lo peligroso, lo expuesto, lo difícil, lo arriesgado, ha encontrado entre nosotros un núcleo constante de favorecedores que la han puesto á la altura de las diversiones de moda. La montaña rusa, que tiene su poquito de filosofía si se la compara con las angustias y afanes de la vida, recorrida en breve espacio y terminada cuando los