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NA de estas noches, los ratones más viejos de la Biblioteca Nacional, es decir, los ratones más sabios de España, disputaban en el despacho del Sr. Tamayo para explicar un hecho anómalo, que preocupaba 5? al numeroso pueblo ratonil que se desarrolla en aquel destartalado edificio. El caso era el siguiente: varios ratoncillos habían visto en la portería superior un perro encadenado y con un aparato metálico en la boca, y que iba conducido por un hombre. Cuando habló el concienzudo Fo, callaron todos los ratones: los unos para saborear, los otros para roer su discurso. -El perro- -dijo Fo- -es el amigo del Iiombre: la cadena, instrumento de esclavitud: hierro que oprime la boca, no puede ser sino mordaza: he oído quejarse á un redactor en la sala de periódicos, de que trataban de amordazar á la prensa. Y siendo incompatibles la amistad entre el perro v el hombre y las cadenas y mordazas, deduzco de todos los datos expuestos, que ese debe ser un perro condenado á presidio por delito de imprenta. -Con permiso del respetable Fo- -dijo un latón llamado Fa: -Los periodistas hablan de mordaza en sentido figurado: si su señoría leyese periódicos en vez de roer sus márgenes, hallaría en ellos la explicación del caso. Ése perro lleva bozal y cadena en cumplimiento de un bando t del Alcalde No pudo concluir, porque le interrumpieron los murmullos: su explicación resultaba incom prensible. Para qué le pondrían ese bozal? -dijo el agudo Fi. -Para que no muerda. -i Absurdo! Si los hombres fueran tan precavidos, atarían las manos á los lectores de la Biblioteca para que no arrancasen las estampas á los libros. ¡Que hable Fe! ¡Que hable Fe! -No tengo inconveniente: yo, que tomo mi nombre, no de la virtud, sino de la librería en que he nacido, declaro que mientras estuve en ésta, tuve ocasión de ver muchos perros por la calle, pero todos sin cadena ni bozal. Sólo he visto personas con la cara tapada en los carnavales. ¿Habremos visto un perro disfrazado? -Que decida el sabio Fu- -dijo el concurso ratonil. -Pues bien- dijo Fu con autoridad y convicción: -los libros viejos todo nos lo explican; yo, que me he destetado royendo letra gótica, y conozco todas las historias, después de meditar mucho él enigma, no me explico cómo no le hayan acertado mis colegas. Señores: ese perro no es perro, sino la Máscara de hierro. El entusiasmo que produjo aquella luminosa explicación fué tan ruidoso, que el gato principal de la Biblioteca despertó sobresaltado. ¡Bah! -dijo tranquilizándose al momento- -son ratones: que los cacen el Director de la Bibliotca ó el conserje. JOSÉ FERNÁNDEZ BREMÓN.