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134 BLANCO Y NEGRO en armonía con el aspecto escultórico de la tiple- -3 entra al cabo resueltamente en el terreno de las insinuaciones malévolas. Todo lo oía el de Córcega sonriendo ñlosóficamente. -Marcos- -dice de pronto Filomena- -llégate al cuarto del barítono, y que haga el favor de darte el colorete. -Creí que no nos hacia falta- -replica el marido, y se dispone á abandonar el cuarto. Pero, como en aquel instante apareciera otra visita en el dintel, pregunta á su carísima esposa: ¿Decididamente nos hace falta el colorete? -tíi, hombre. ¡Qué pesado eres! Entra el nuevo aparecido, y Marcos sale de allí con la tranquilidad del justo Cuando el corso vuelve con el colorete, diez minutos después, ya hay en el cuarto de la ondina etidina, que decía un director general, allí presente) una verdadera y animada tertulia. Marcos no tiene donde sentarse; y aunque nadie, ni por cumplido, le ofrece un asiento, él se apresura á decir: -Todos quietos; no se moleste nadie; yo estoy bien en cualquier parte Habitualmente, este es mi sitio. Y se sienta en la cesta de la ropa; pues es de advertir que, aunque la generalidad de los artistas usan canastas, Filomena prefiere la cesta, no sé por qué. La conversación se anima, y algunos tertulianos dicen cosas que harían innecesario el colorete, si Filomena y su consorte tuvieran la epidermis algo más fina. Ambos ríen como bienaventurados, limitándose ella á decir cuando lo cree oportuno; -Pero qué cosas tiene Fulanito! -Verdaderamente- -agrega el marido. Y continúa la sesión. El traspunte disuelve, por fin, la tertulia, llamando á la tiple para em. pezar la cuarta. Saludos, apretones de manos y cada mochuelo á su olivo. Un viejo teñido le dice á Mareos- -al despedirse- -la siguiente ferocidad: ¡Qué mujer! No se merece usted la mujer que tiene. A lo cual contesta el interesado: -Como marido, es posible que no me la merezca. Como Marcos la merezco en justicia. La fotografía de Marcos es la de todos los maridos de su gremio, ya sean ó no corsos de nacimiento. ¿Que hay trazos duros en el retrato? Desde luego; pero al que se queje de esa dureza, habré de contestarle con los sabidos versos que dicen: Arrojar la cara importa. Que el espejo no hay por qué. s