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BLANCO Consejo de los ferrocarriles del Norte, i: ersona muy distinguida y afable, está siendo el he roe del día. La afición á viajar ha coincidido en nosotros con la de yiajar gratis, ó por lo menos con gran rebaja de precios, y el Sr Fernández del Rincón recibe por cientos las peticiones diarias de los que le suplican la autorización correspondiente. Y ¿cómo negarse? Unas las firman damas de las que figuran, por su hermosura y elegancia, en todas las crónicas de salones; otras, políticos notables; otras, literatos eminentes Desde que llega el mes de Julio, el Sr. Fernández del Rincón podría aspirar á lo que quisiera; la votación que obtendría entre sus deudos y amigos, aclimataba en España la ley del Sufragio. La costumbre de veranear se ha extendido de tal modo, que no me chocaría una reacción en este punto. El cronista de La Época ha empezado ya á defender las condiciones de la corte durante los calores, y hasta anunciado que varias familias de las más encopetadas no saldrán este año de Madrid. Lo cual siempre será un consuelo para los que so vean en la triste precisión de no poder carenar su cuerpo con las aguas regeneradoras del Cantábrico. Y algo es algo. Y NEGRO 131 En la clásica iglesia de San Pedro, distante del hospital de San Pedro para clérigos algo más de un Icilómetro, se han celebrado y celebran las bodas más rumbosas que se veri por los barrios bajos de Madrid. Cuando halléis por la calle, formada como en procesión, la comitiva de una boda donde, abunden los pañuelos de Manila y las pecheras encañonadas, boda que pregonen los metálicos y estridentes sones do una murga, y se celebre comiendo cabrito asado en el Vivero, y se termine á puñalada limpia en cualquier fonda ó salón de baile, tened por seguro que se ha verificado en la iglesia parroquial de San Pedro. Las artes y las letras estuvieron de días en el en que se festejó- á este Santo, en la persona del novelista Pedro Antonio de Alareón y del pintor Pedro de Madrazo. El Gazpaclio ERECiA el calor; la colnmnita de mercurio encerrada en el tubo capilar del termómetro, sube y sube hasta tocar sus grados más superiores, y como remedio á las consecuencias de todo, se nos presenta jugosa, refrescante, apetecible, la fuente donde, sobre los arabescos que forma el aceite, el agua y el vinagre, flotan como pececillos de múltiples colores los ingredientes del gazpacho andaluz. El gazpacho es hoy un elemento indispensable para hacer llevadera la vida de la corte: de los cortijos jerezanos le trasplantó una duquesa á los salones de Madrid, y durante los días que el ambiente abrasador nos recuerda él origen. ígneo del planeta nuestro, tomar gazpacho á cualquier hora del día ó de la noche significa algo así como tomar un pedazo de vida. El elegante té de las cinco ha sido sustituido por el gazpacho de brilla! ntes colores; la taza de barro japonés, por el cóncavo plato de Talavera, y los ardores del aromático producto de la China, por las rosadas carnosidades del tomate llenas de pepitas de oro, ios, verdes trozos del pimiento que recuerda modas frigias, el ajo fuencarralero, las rodajas blancas de lus pepinos, la sal de las montañas de Cataluña, y el acre, ardiente, picante fruto del pimentero. El gazpacho lleva entre sus majados condimentos algo que recuerda las bellezas, encantos, luces y colores de Andalucía, combinado con las frescas brisas de las costas gallegas. Menos traidor que el helado, refresca y no daña. i Bendito sea el gazpacho! San Pedro L Santo en cuyas manos está nuestra entrada en la mansión de los justos, comparte con San J u a n San José y San Antonio el patronato de la inmensa mayoría de los españoles. Desde D. Pedro el Cruel hasta Perico el Ciego, desde Calderón de la Barca á Periquito entre ellas, desde D. Pedro el Ceremonioso hasta Perico el de los Palotes, desde Pedro el Grande de Rusia á los pericos de Aranjuez, el número de los que llevan el nombre del Santo sobre el que Dios quiso edificar su Iglesia, es verdaderamente asombroso. Con él coincide la tercera verbena de la temporada; con él llegan las moscas, y con él se inicia la invasión de los salones del Prado por la gente de pocos recursos. A costa de la venerable calva del Santo, la musa popular ha perpetuado cantares y chascarrillos, y el que hoy no entre en todas partes como Pedro por su casa es porque apenas se llamará Pedro. En Madrid se ha profesado siempre un gran culto ai nombre de Pedro, y de Don Pedro tenemos una calle, y. de San Pedro otra, sin contar con la de San Pedro Mártir, por ser éste santo, que hoy no viene á cuento.