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NOVELAS RELÁMPAGOS ¡BENDITA SEA LA LUNA! 1. I Ya no tardará en venir! ¡Dios mío, qué pronto pasa la dicha! ¡Parece que lué ayer cuando comenzaron las vacaciones! ¡Maldita universidad (Mañana este balcón ya no tendrá alegrías para mí, y cuando riegue todas las tardes mis tiestos, después de obscurecido, no le veré aguardando á que me asome! ¡Pícara carrera, que me quita la felicidad! Yo no se por qué, puesto que me quiere tanto, no se contenta con sus muías 3 su labranza Después de todo, seria una boda igual. ¿Qué soy yo más que la hija de una granjera? Ya sale la luna ¡Cuánto tarda Agustín! Pero vendrá a I Luego! No quiero ni pensarlo ¡Qué cosa tan horrible es tener que esperar! ¡Vivir de su sonrisa y de sus palabras y no verlani oirías en un año! Llegará esta hora ¿Y qué? ¡Dios nuo! Cuando juntas dos corazones ¿por qué los separas? La ausencia es una picardía ¡Vivir muriendo! ¡Qué lacia se pone la enredadera! También se quedará sin golondrinas Voy á dar de beber al rosal ¡Ah! Esta regadera grande del huerto tiene derecho á ocupar un sitio en nuestros amores Ella sabe nuestras citas y se las calla ¡Pobre balcón! Poco te resta de iQue solo vas á pasar el invierno, sin flores, sin novios y sin pájaros! II. -Hoy has tardado mucho Ha venido la luna antes que tú. -Es que la luna tiene la dicha de quedarse aquí contigo, y yo me marcho y no sabes cuántas cosas he hecho en todo el día- ¿Á qué hora te vas? -La diligencia pasa por aquí muy temprano, á las seis. ¡Agustín! Mañana por la tarde. ya no nos veremos en el balcón. ¡Se ha concluido el mirar mil veces al reloj sin que dieran nunca las siete y media! ¡No puedes imaginarte mi pena, María! Yo por mi no me iría nunca del pueblo; me quedaría aquí á tu lado ¡Cualquier rincón contigo me parecería la gloria! Pero mi padre- No, Agustín, no Tu padre quiere que seas hombre de provecho, y es natural Ya sabes cuánto te idolatro; te llevas mi alegría; mientras estés estudiando no viviré, pero antes es tu porvenir- -Y el tuyo, María ¿De quién soy yo sino de ti? -Yo me contento con tu cariño Agustín; ¿me olvidarás? ¡Olvidarte! Me llevo tus ojos negros en el alma, y ellos no se separarán de mi... María... ¡Te lo he dicho mil veces! En mi ausencia, como aquí, yo te adoraré siempre de rodillas, con locura Todos mis pensamientos serán tuyos... challa