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INVITACIÓN ESPLÉNDIDA Vamos, querida Carmen, A la v erbena De San Pedro, que dicen Que estará buena. En la cabeza ponte Claveles rojos. Aunque los seque el fuego Que hay en t u ojos. Cuélgate en las orejas Eicos pendientes, Y pon sobre tus formas Sobresalientes El mantón de Manila Que te ha comprado El sochantre de Burgos El mes pasado. Y una vez empolvada Tu tez morena, Vamonos á lucirnos En la verbena. Mas no quieras que al Prado Te lleve en coche, Porque me da vergüenza Montar de noche Ni me pidas torrados, Ni trompetillas, Ni se vayan tus ojos Tras las rosquillas. Que originan funestas Indigestiones, Y hay que evitar que aumenten Las defunciones. No vayas á venirme Con la simpleza De que te compre cosas De á real la pieza. Si en alguna barraca Ves á un enano Que anuncia cualquier cosa Trompeta en mano. No te empeñes en verlo. Pichona mia, Pues de fijo es alguna Majadería. No me pidas albahaca, Ni hierbabuena. Ni bizcochos, ni santos De la verbena; Porque dice mi tío Don Homobono, Que comprar esas cosas Es de mal tono. ¿Qué adelantas comiendo Bollos de picos, 0 tocando la flauta; Como los chicos? Para no hacer, pues, gastos Inútilmente, Nada de eso me pidas, Sol del Oriente. Mas después que te admiren De encantos llena, Todos los que concurran A la verbena, Para que tú no dudes De que te quiero. Yo te doy mi palabra De caballero De llevarte á la fonda Que tú prefieras. Sentarnos en el sitio Que tú más quieras, Ir pidiendo las cosas Más escogidas, Y cenar á tu lado, Si me conyidas; Porque desde pequeño, (Yo te lo juro) 1 No sé, pichona mía, Lo que es un duro I U -AAY