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120 BLANCO Y NEGRO La joven nerviosa había apoyado la frente en el hombro del Joven rubio, y echaba espuma por la boca, agitando los brazos y rugiendo como una pantera herida. Y el globo en tanto, sin cesar, navegaba por el piélago inmenso del vacío. Sólo una persona permanecía indiferente á tanta desgracia. Era D. Atilano Malvavisco, reputado farmacéutico de la calle de la Comadre. Cuando la autoridad recogía los inanimados restos de la esposa del aeronauta, que habían ido á caer junto á la Cibeles, oyóse una carcajada general. Lo que había arrojado Mr. Camelet desde la barquilla, era- un maniquí vestido de mujer. Pendiente del cuello llevaba un cartel donde se leía el siguiente anuncio: atel LUIS T A B O A D A NOTAS CÓMICAS, POR A PONS. ¿Ha estado usted en Jai- Alai? -Si, señora; yo deliro por los pelotaris. -Y ¿qué es usted? ¿azul ó colorado? -Yo, con perdón sea dicho, soy manohego. ¿Qué aguas va usted á tomar este verano, mi general? -Las que tomo todo el año. Las de Loeches. Iiulustria del porvenir. Billetes de mil pesetas á cinco céntimos! ¡Que acaban de salir ahoraaa!