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116 BLANCO Y NEGRO para un sitial en la Academia de Ciencias Morales y Políticas, y á la Pardo Bazán para otro en la de la Lengua, para ocupar un número entre los académicos de la de la Historia. El ejemplo dado por la Duquesa de Alba al publicar numerosos documentos escogidos del archivo de su casa, merecerá fijamente la gratitud de cuantos se interesan por las investigaciones históricas y en particular por las i- elaeionadas con Cristóbal Colón, Fernando V, Carlos I María Stuardo é Isabel do Inglaterra, Bárbara Hombeg, J) Juan de Austria, el rey I) Sebastián de Portugal, Catalina de Me dicis, Legaspi, Arias Montano, Fr. Luis de Granada y Rousseau. La riqueza histórica del archivo de los Ber TÍcI y Alba no correrá, pues, la triste suerte que tantas otras como los raton consumen, gracias á una dama que une á los rancios pergaminos de inmaculada nobleza la aristocraciajíw de si ecle. La del talento. Los Jardines del Retiro, al encargarse J) ucazcal nuevamente de ellos, vuelven á ser lo que fueron, y los conciertos que allí se celebran recuerdan á los que tanto gusto dieron no hace todavía una treintena de años. En los Circos, nada de particular. Modas nuevas ¡L sol caldea la atmósfera poblándola de ese polvillo dorado que esmáltalas alas de las mariposas y envuelve en un nimbo de luz y brillantes los calados arabescos de la Alhambra de Granada en las tardes calurosas del estío. El aire impregnado de perfumes se hace irrespirable. Los paseos se realizan, ó muy de mañana ó en pleno creJDÚsculo vespertino, y los trajes que las muchachas lucen en ellos y los adornos que los completan, tienen la vaporosidad exigida por las circunstancias y los tonos claros de las azucenas, símbolo de la estación por que atravesamos. Los escaparates de modas parecen estufas y serres, donde lucen sus tonos purpurinos sobre canastillas de JA. están abiertos todos los coliseos de verano, y paja italiana toda la flora de los prados incultos y los lá gente acude a ellos sin protestar de su cons- jardines cuidados afanosamente, rodeada de gasas do cien colores alegres, risueños, juveniles sobre todo. titución de barracas de feria. En el teatro del Príncipe Alfonso y en el No en un escaparate, sino en el atelier de un afade los Jardines del. Retiro priva la ópera li- mado pintor, he visto un nuevo capricho de la moda, gera y formal, respectivamente. que se complace en aunar los gustos de la coquetería En Apolo continúa Trafalgar haciendo sentir á femenil con los productos del arte divino de Apeles. los corazones inocentes que todavía quedan, ese fueDe algún tiempo á esta parte los bordados y sobreguecito sacro que estalla ante unas quintillas patrió- puestos han dejado el campo á la pintura, y desde la ticas, una marcha triunfal, unos uniformes y unas primorosa toilette que Julia Martínez lució en Mmn ecuantas novias que. lloran al que se marcha á pelear. ¡le Nitouche, pintada por Mélida, hasta las colchas Trafalgar, como Cádiz y como, todos los temas ba- de damasco que se esmaltan con cifras, ángeles y sados en ese monumento que á las letras y á la his- guirnaldas, aio hay casi mueble ó detalle doméstico toria patrias ha levantado con el título de Episodios que no ostente la habilidad de un pintor y los colores Nacioríales Pérez Galdós, tiene por lo pronto su sal- de su paleta. vación en su origen; y si á esto se agregan decoracioAntes solólos abanicos merecían tal consideración; nes de efecto, vestuario brillante, música retozona y hoy las sombrillas, altas como los bastones de la versos cadenciosos, nadie extrañará que el teatro de época del Directorio, de puño con estrías do oro, rexipolo de hoy no se parezca en nada al teatro de Apolo matado por un esmalte Watteau, llevan, y ésta es que con mejor intención que suerte sostuvo Catalina. la noTedad de que hablo, sobre la gasa transparente, El teatro de Maravillas, ni más ni menos que una que parece formada por alas de avispas, grupos de caseta de baños, se ha corrido desde la Puerta de flores pintadas al óleo, colocadas al desdén, como si Bilbao al Jardín Botánico; se ha confirmado, barni- una lluvia de ellas se hubiera complacido en formar zado y pintado, y ¡cátate teatro del Tívoli! Julio Ruiz, sobre la sombrilla un dosel do rosas á su dueña. que es su director, en la noche del estreno tuvo que La moda nueva, como se comprende, es exclusivasufrir las iras populares por no recuerdo qué histo- mente para estos días en que el ambiente parece que rias relacionadas con la estatua. de su homónimo de trae entre sus giros de céfiro oleadas de aire impregla plaza del Rey, y cumplido este deber de patrio- nado delfuego que en estos momentos hace temblar tismo volvió á aplaudírsele en las piececitas que re- las entrañas del Vesubio, y le corona con una esplénpresenta. dida manifestación del poder do b. Naturaleza. Teatros