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luminosa historia contemporánea, donde saldrían á relucir con esplendorosa majestad episodios de lujo, de IAY que cpnyenir en que Cándido Lara es el hom- protección, de alternativas, de caridad, de moda, de bre de la suerte. Abro su teatro de la calle de todo cuanto constituye una vida de distinción, de la Corredera, y el público distinguido, el de los iniciativa, de talento y de fortuna. primeros turnos del Real y la Comedia, le inHermosa, como- nos la pintó Weber; arrogante, vade y le pone de moda. Inaugura Jai- Alai, y aguda hasta ser incisiva, con refihaniientos franceses todos sentimos, como por encanto, la afición al y extravagancia yankée, María Buschenthal ha presipelotarismo. dido durante cincuenta años un salón por el que haLas provincias vascas nos han impuesto fiesta bían de pasar cuantos pretendieran tomar carta de alegre, y cuando presenciamos en nuestro flamante naturaleza en la sociedad selecta de esta corte, por frontcín una lucha sostenida por los hercúleos brazos ella tan reformada. y la agilidad incomparable de los robustos pelotaris, Su palco proscenio del teafe- o Real, heredado en hasta parece que en la atmóstera flotan sales marinas, vida por el Veloz- Glub, y que un día sirvió dé esbrisas refrescantes, rumor de olas y salud cantábrica. tuche á la Duquesa de Alba, fué durante muchos Lara habrá podido convencerse que respecto á la años una reducción de aquel salón, dónde se alentó nueva diversión no está la pelota en el tejado. sino que al genio de Rosales, á la elocuencia de Castelar, al el éxito es seguro; bien es verdad que él no ha jugado krausismo de Salmerón, y de donde salieron sococon tino á la pelota; sino que le ha proporcionado rros para los hombres políticos de todos los partidos. el espectácifto en. toda regla y con todas las del arte, El rmwwa, como era llamada su platea, debería no habiendo tenido necesidad de tocar pelota, puesto aparecer de luto en la próxima temporada, ni más ni que ni una dificultad le ha sugerido el negocio. menos que se enluta el sitio que enlos escaños rojos Creo que en este punto nadie me ha de rechazar la, del Parlamento deja por la muerte un representante pelota, á no ser que se empeñe en sacarpelotas dema de la Nación. alcuza y armar, por tanto, p Zoí m. Jai- Alai va á orillar diferencias de raza que el idioma vascuence mantiene vivas, y de seguir las cosas como hasta aquí, su tecnicismo va á ser él idioma uniíiEKTKAS que el nombre de una Duquesa da mo- versal... én laPenínsula. tivo á la prensa noticiera para demostrar suscondiciones de sabueso, con que abastecer la curiosidad popular, dejando no muy bien librada la clase á que aquélla pertenece, el nombre de otra Duquesa sirve para reiviiidicarla. A nota culmiinante de estos últimos días ha sido El suceso- dp la Duquesa de Castro- Enríquez da la muerte de aquella gran dama, en torno de cuyo nombre se ha formado la aureola de aris- ocasión para que todos los días vayan apareciendo niños abandonados por sus padres y padres que bustocrática popularidad que sólo disfruta en cada can á sus hijos en cuanto saben que la caridad escenturia una persona. La Buschenthal era la soberana del mundo de p añola les ha facilitado trajes, golosinas y dinero; el Jos artistas, de los literatos, de los políticos, de los libro publicado por la actual Duquesa de Alba la famosos. Sus memorias intimas constituiWan una vo- vale ser propuesta, lo mismo que á la Sra. Árenalj Jai- Alai Las dos Duquesas María Busclientlial