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BLANCO Y NEGRO 105 Á los postres se cantó el De projundis á voces solas, y uno de los convidados hizo las delicias de los demás, tocando una marcha fúnebre con un palillo apoyado en los dientes. Al separarse, Canuto se empeñó en regalar un cirio á cada uno de los asistentes á la fiesta, en recuerdo del memorable suceso, y también quizás para que alguno de ellos no se despeñara por el camino: el que más ó menos iba hecho, no una uva, pero sí una solera. Hará cosa de un año me encontré al bueno de Canuto en no sé qué calle. Había engruesado algo, y su nariz pregonaba su decidida afición al mosto. j Qué nariz. Dios mío! Parecía un maletín de ca, ballería visto á los rayos del sol poniente. ¿Cómo estás? -pregunté al tornasolado funerario en cuanto le eché la vista encima. -Perfectamente- -me contestó abriendo de un modo desmesurado las ventanillas de la nariz. -Tengo una mujer que no me la merezco, y unos hijos que se contentan con cualquier cosa. Al uno le regalo una calavera para que la ilumine de noche, y al otro un par de tibias para que toque Filipo en el tapador de la cocina, y tan campantes! Además- -añadió- -Orosia me inspira gran confianza, y sé que cumplirá al pie de la letra mis últimas voluntades, Tus últimas voluntades! -repetí yo en alto grado sorprendido, -Sí, sí, á Orosia la he dicho: Cuando yo cien- e el ojo, ¡ya sabes! caja barata salchichón y bota de vino. -Pero, si estás muerto, ¿qué falta te hacen el salchichón y la bota? -Pues por si acaso- -me dijo el bueno de Canuto. -Nadie sabe lo que puede ocurrir por allá, y sentiría en el alma que otro se adelantara á desempeñar mi puesto. ¡Conque si le tendrá el mozo apego á la carrera! PEDRO VARGAS. EL PROYECTO DEL BANCO: NOTAS DEL PORVENIR, POR A. PONS ü n empleado de poco sueldo, que acaba de cobrar su nómina. Una criada que va á la compra. Dos duros en dinero, 60 kilos en papel. No encuentro nada que valga dos cuartos. Todos son billetes.