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¿SS i f 2 f YESEHÍA Eli cárbún cierto blanco traficaba, Y el sustento ganaba Transportando su negra mercancía Un día y otro día; Y en casa de nn yesero, establecido frente al carbonero, Un negro de Guinea Con la cara muy fea El yeso transportaba, y también el sustento así lograba. Vndando el tiempo, es claro, sucedía ue el color de los dos desmerecía; 1 ues el negro yesero se aclaraba, Y el blanco carbonero obscurecía. Si los dos traficantes Se encontraban en medio de un camino, Decían arrugando sus semblantes: Ese color que ostenta mi vecino Lo he tenido yo antes; Aquel color de manos y de cara Era en mí la verdad desnuda y clara. Y los dos se alejaban pensativos. Llorando sus colores primitivos. Entretanto la gente, Que no se fija más que en lo aparente, Perjuraba que el blanco era el yesero Y el negro el carbonero. Sin fijarse en las vetas que tenían Por las cuales los dos se descubrían. El error uno y otro celebraron, Y al fin, para evitar suplantaciones, LTn domingo las caras se dejaron Con los chafarrinones, Y ambos resueltos, pero en pantalones, Sin camisa á sus puertas se asomaron. La gente, dicho y hecho, Delante de los dos se estacionaba, Y al comparar la cara con el pecho Que cada cual tenía, se admiraba, Confesando que en eso de calores Se cometen á veces mil errores. Asusta la, frecuencia Con que en el mundo todos nos dejamos Guiar de la apariencia; Por eso razonamos De una manera siempre tan distinf Y llega ya el error á tal exceso. Que hay quien cambia la leche conla: El carbón con el yeso, Y lo que es aun peor, hay quien igi La conciencia que es buena con la mala, Y por eso es ya cosa muy precisa Que, á imitación del blanco carbonero Y del negro yesero. Dejemos las conciencias sin camisa Para poder saber de un modo franco Cuál es el hombre negro y cuál el blanco. Of rz tt i, í tr- i 2.i í t ¿aí 2 e-