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FRUTO DE UN SERMÓN A LA EXCMA. SEÑORA VIUDA DE GARCÍA, DE TORRES. C 3 N el número 2 de la presente revista BLANCO Y NEGEO publiqué un articulo encaminado á demostrar las razones que á mi juicio existían para que las FLORES no sirviesen de PM s l adorno en las mesas de los banquetes. VVvi T Á los pocos días recogí por partida doble el fruto del artículo. Primero, con la notable y ul saladísima carta que me dirige Ángel iMuro en el número 6. de este periódico, y segundo, con el suculento y productivo banquete que voy á referir. Hallábame tomando las aguas ¡benditas sean! de Marmolejo, y fui invitado á comer por Eduardo León y Llerena. Llegué á la hora oportuna á la magnífica casa de mi amigo, y las señoras y caballeros que allí se encontraban echaron mil piropos al discurso contra las FLORES, manifestando que ya notaría en el comedor la gran aceptación de mi doctrina. Confieso que me encontré tan contento, ufano y vanaglorioso, como Don Quijote por haber alcanzado victoria del caballero de los Espejos. El mafíre d hotel anunció la comida: llevaba yo del brazo á la bella Esperanza Luca de Tena, y mi asombro fué extremado al irotar que la mesa contenía una montaña de flores, que la araña, y los candelabros, y el techo, y las paredes, y las sillas y todo el comedor era un verdadero jardín. El espaldar de mi asiento ostentaba una gran corona de flores, y los mangos de mi cuchara, tenedor y cuchillo, eran los únicos que se hallaban cubiertos de rosas y de claveles atados allí con hilos de plata. El público prorrumpió en sonoras y alegres carcajadas, y si no recuerdo mal sonó algún silbido. Confieso que si yo fuese susceptible de cortedad, me hubiera cortado. Pero francamente: aquella mesa tan elegante; aquella riquísima comida regada con excelentes vinos; aquella amena reunión en la cual figuraban las señoras de la casa, el general Burgos, Romero Robledo, Eduardo Estrada, el Gobernador militar de Jaén, el Marqués de Oliva y otros, me hizo no sólo olvidar, sino agradecer la delicadísima broma de que fui victima culpable. Guardé él florido cubierto diciendo á la amable señora de la casa, que como lo accesorio sigue á lo principal, y lo PRINCIPAL allí eran las flores, debían pertenecerme la cuchara el tenedor y el cuchillo. Accedió á ello la generosa Luisa León y Llerena, sin hacer caso alguno de la ruda oposición de mi amigo Romero Robledo, que meFRUTO a UN SERMÓN tiéndose en camisa de once varas, y más bien por envidia que por justicia, calificaba el hecho nada menos que de despojo ó cosa peor! En ñn, que pronuncié un discurso muy aplaudido; que puesto el tema á votación nominal, salí vencedor por gran mayoría, y que por consecuencia poseo el cubierto con buena fe y justo MAaMOLEJO título. Las tres piezas son lindísimas, de buena plata cincelada, XXIPí YOMDCCCXCl y con la cifra E. L. LL. En forma de panoplia y sobre una tabla de encina tallada, cuya traza me dio el gran Jerónimo Suñol, adorna dicho trofeo el principal lugar de mi comedor. C- e i i