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BLANCO Y NEGRO 91 naba á Pepita el enorme delito de poseer una fortuna y compartirla entre la caridad y los obsequios. En él comedor, la afilada tijera femenina se embotaba cediendo el puesto á las e íigenoias gastronómicas, y si bien nadie se ocupaba de celebrar la esplendidez de la dueña de la casa, Cada seíiora obsequiada ponia por las nubes la amabilidad de su caballero sirviente. De los últimos que penetraron en la anchurosa estancia fue el General; dio por ella una vuelta, y sin pedir nada, salió como el que no ha encontrado lo que buscaba. Cerca de la antesala encontró á Pepita, que despedía á los que ya se marchaban. ¿Ha tomado usted el té? -la preguntó. -No- -contestó la dama; -no he tenido un momento mío: ¿y usted, no ha tomado nada? -Sí, una indigestión de tonterías que he oído y glotonerías que he presenciado, pues hay allí polífago capaz de engullir cien panecillos como el famoso cómico francés, y de beberse las ocho botellas de cada comida de aquel emperador- ¿No dejará usted en paz ni á los muertos? -Es que me irrita la gorronería de los vivos. Si eso no es gorronería; es buen tono, impuesto por la moda. ¡Ah! ¿conque es buen tono tomar las casas por asalto? ¿Es moda murmurar sin piedad de los que. nos dispensan la honra de invitarnos, destrozando la suya? ¿Es buen tono venir aquí á contar que la Baronesa H... celebra como obra de arte en bronce una Venus de Milo que dos minutos después le rompe valsando un gomoso, y llena con sus fragmentos de yeso la alfombra, y goza en ver reir á costa de su amiga? ¿Es moda referir que tal señora empeñó su collar para tener espléndido buffet en que se atracara el que lo refiere? ¿Es, por fin, de buen tono carecer de vergüenza? Pues, Pepita, déme usted dé comer, y encargue usted á su mayordomo que me tenga para después del café una caja de Hoyo de Monterrey. ALDHARA.