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NOVELAS RELÁMPAGOS UN AMOR CHISPA ¡Chis! Cobrador Pare usted Esa señora quiere subir No las merece ¡Dios mío, qué rubia y qué crujido de falda! ¡Si me parece haber sentido como el roce de un ala en el pantalón! A que no se levanta nadie Vamos, menos mal que el comandante de húsares... La milicia siempre ha tenido fama de cortés. ¡Magnífico! ¡Desde aquí la distingo al pelo! ¡Decididamente es una mujer de primera! Ossian puro ¡Qué espiritualidad en la persona! ¡Qué finura de contornos! ¡Qué talle! ¡Dios santo! ¡Este tranvía debe aflojar la marchai Con tal velocidad, se le va á quebrar la cintura en cualquier curva á esa viajera ¡Y buena posición! Viste con lujo ¡Me agrada celeste pálido! Los colores mates revelan delica i ia, no ay en su figura un detalle que no sea sua ve apacible, casto ¡Ahora vuelve la cabeza! ¡Quedaban los ojos! ¡Qué ojos! ¿Por qué me habré yo acordado de Campoamor al verlos? Son una dolora azul ¡Cómo! ¡Y el coche pasa por delante del Ministerio de la Guerra sin que forme la guardia! Esta mujer merece por lo menos honores de infanta Estoy por gritarle al corneta que aguarda en la esquina, que avise que nuestro coche conduce una diosa. ¡Hola! Me mira Me ha reconocido Se acuerda de que yo avisé al cobrador ¡Qué pupilas tan dulces! ¡Si dan ganas de ponerse de rodillas delante de esa mujer! A la verdad, noto una augustia extraña, un deseo invencible de postrarme ante esa desconocida ¿Qué será? Tendré que celebrar una interview con mi corazón ¡Dios mío! No me cabe duda Estoy enamorado de la viajera y necesito decírselo, que se entere de que la adoro, que sepa que salí de casa bueno y sano y que ahora me siento morir Sí, yo me muero y sólo pueden salvarme esos ojos y esos rizos Mi ventura va ahí, junto á aquel vidrio; tienen razón los poetas; la dicha pasa á veces al lado de uno sin que se la vea, pero yo la he visto ¡Mira de nuevo! Yo me declaro ¡Señora! ¡Por piedad! Yo idolatro á usted ¡Si usted supiera el amor que me ha inspirado con sus divinos ojos! ¿Es usted algo santa? Porque lo que yonoto aquí, muy hondo, en el alma, es como un culto, como la impresión celeste con que nos atraen los niños ¡Quiérame usted! ¡Se lo pido con mucha necesidad! ¡Hola! ¡Se ha sonreído! Ha entendido lo que la he dicho á miradas ¿Qué me contesta usted? Vuelve á sonreírse, pero ¡con qué disimulo! Eso es para que los demás no lo atisben. Ese rayo de luz ha sido para mí. Me ha respondido afirmativamente Gracias, gracias mi hermosa desconocida ¡Virgen de los Afligidos, qué daño hace lá dicha! Y á todo esto no sé quién es, ni cómo se llama, ni si será soltera,