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R 5 RO U B L H R O Brillaban sobre el sepulcro Sus destrenzados cabellos, Cual sobre montón de nieve Las negras alas de un cuervo. I Rezó? Sólo Dios lo sabe; ¿Lloró? Nadie pudo verlo, l ues velaba el mármol blanco La luz de sus ojos negros. Con paso rápido y firme Dejó el triste cementerio, Sin volver la vista, acaso Por temor á los recuerdos; Quizás porque hizo en aquella Su última visita al muerto, Que fué, por breve, una simple Visita de eumplimiento. Entró en el coche la viuda De Blanco, arreó el cochero, Y el jaco trotó, camino De la Puerta de Toledo. Entrepechado y al paso Subió el pobre el Madrid viejo, Y al trote volvió enlas calles Más llanas del Madrid nuevo, Y al fin se paró á la puerta De un hotelito moderno, Donde entró la hermosa viuda Del que, en vida, fué su dueño. Sigámosla, aunque parezca Curiosidad- de indiscretos; Pues, vuelva del campo santo, Del teatro ó del paseo, i SVÍM srmosa siempre acude mado aposento 5o mo reina, tiene esano al espejo. 1 cristal de Venecia n ya dos luceros, 3 S no habían llorado lora se están riendo. viuda; en su imagen guUo satisfecho, 1 túmulo cerrado, ro tálamo abierto, á su vista, incitante, a un traje soberbio, í, alivio de luto, iiás blanco que negro: Lindos botones de plata, Plumilla de cisne al cuello, Nivea puntilla en los puños, Eizado encaje en el pecho. Y ya prendidas las trenzas Que sobre el mármol cayeron, Y haciendo crujir la falda Sobre el alfombrado suelo, De Blanco la linda viuda Siente en sus mejillas fuego, Porque, entrando su doncella Con ademán picaresco, Le anuncia la íntima y dulce Visita de un tal Moreno, ue es, por desdicha de Blanco, Á muerto rey el rey puesto. EDUARDO BUSTILLO.