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VIDA MODERNA A la llegada del cuarto mes de los antiguos romanos, aparece entre los mantos de esmeralda que cubren los perímetros de las huertas y comotachonándolas de estrellas de oro, la flor de la calabaza, que cual las campanillas azules que festonean las rejas sevillanas, se agita temblorosa ante la menor ráfaga de aire. Estas flores, mariposas de sol entre las rizadas, escarolas, las jugosas lechugas y el cardo de hojas grandes y espinosas, simbolizan en Junio todo un poema de tristezas y sinsabores. La juventud escolar tan dorada, tan alegre, tari dicharachera y tan satisfecha de sí propia duranté todo el año, cuando los calores de Junio comienzan á tostar las mieses, sufre una transformación tan rápida como completa, y se torna seria, grave, pensativa y hasta filosófica. El estudiante de hoy, que en nada recuerda al célebre de la Universidad salmantina que retrató Espronceda, ó acompañó en sus expediciones ve- raniegas al vengador del Marqués de Calatrava, ó sufrió las tiranías del avaro descrito por Quevedo, se encuentra á la llegada de los exámenes, con los libros de texto en la mano, la inteligencia y la atención en ellos reconcentradas totalmente; y adivinando dibujarse en la fantástica silueta que difuma en los espacios el humo desprendido por la combustión de los residuos espirituosos de la lámpara, una suspensión dé curso, íntimamente relacionada con otra pavorosa suspensión la de garantías entre su bolsillo y la casa paterna, donde se respira una atmósfera preñada de ilusiones que una sola palabra desbarata. ¡Con qué ansiedad esperarán durante los días que van corriendo, algunos míseros campesinos, el telegrama ó la carta del hijo que tienen estudiando en Madrid, participándoles la nota lograda en los exámenes! ¡Cuántas velas no estarán alumbrando á la Virgen predilecta del hogar porque atienda las súplicas de las madres y favorezca al estudiante en el apuradillo trance de la reválida! ¡Cuántas decepciones no sufrirán muchos al ver que sus hijos ingratos, sin reconocer los sacrificios que por ellos hacen, pasaron el invierno de diversión en diversión, de fiesta en fiesta, de amorío en amorío, y olvidados de los textos, recogen al fin del curso él fruto que impensadamente cultivaron durante todos los días de aquél!