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Tío PoBRZH CUENTO DE DOS MIL DEMONIOS (Traducido del italiano) (Conclusión. k oNVEXiDos en ello, los tres V diablos quedaron libres. Pero como diez años nadando en la opulencia se papan muy de prisa, al cabo de ellos se presentó en casa del herrero toda la corte infernal, con su rey á la cabeza. Faé una invasión de todos los señores demonios. El tío Pobreza les habló de este modo: -Nada más justo que esta vez quede cumplido el contrato. Pero permitidme que os pregunte: ¿A qué viene este alarde de fuerza? ¿Es que vuestro poder es tan limitado que teméis no poder lograr vuestro propósito? -nuestro poder no reconoce límites- -dijo el rey de los diablos. ¿Podríais entonces meteros todos juntos en el cuerpo de esa miserable hormiga? -dijo el herrero, señalando á una que había en el suelo. -Ahora lo verás. Los diablos desaparecieron como por ensalmo. Entonces el tío Pobreza cogió la hormiga y se la guardó ea el bolsillo. Desde aquel momento cesaron en el mundo las guerras, las desavenencias, las disputas, y por consiguiente, los escribanos, los procuradores, los polizontes, los soldados, los fabricantes de armas, etc. etc. empezaron á morirse de hambre. Se alzó un clamoreo universal; todos se dieron á buscar la causa de aquel cataclismo, y no se sabe cómo averiguó un escribano la historia de la hormiga del tío Pobreza. Toda la curia de todos los países que tenían curia cayó sobre él, amenazándole con llevarle á la horca si no daba suelta á la hormiga. El tío Pobreza se decidió á complacerlos, no sin exigir antes á los diablos for mal promesa de que le dejarían en paz en lo sucesivo. Así fué: el mundo volvió á recobrar su aspecto de siempre, y se renovaron las guerras y las disensiones, y volvieron á comer en grande los escribanos, los procuradores, los polizontes, los soldados, los fabricantes de armas, etc. etc. El tío Pobreza murió tranquilamente; el mismo día murió también Miseria, y como la cláusula que estipulaba la unión eterna del amo y del perro continuaba en vigor, juntos emprendieron el camino que conducía al Paraíso. Llegado que hubieron, llama el tío Pobreza á la puerta, presentándose, como es natural, San Pedro. ¡Ah! ¿eres tú? -le dice. -No tengo sitio para ti. Como te negaste á pedir el Paraíso, ahora tienes que sufrir las consecuencias.