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DEL ABISMO Á LA CUMBRE Decididamente me mato esta misma tarde Mañana al mediodía expira el plazo de desahucio que me ha dado el casero para desalojar mi guardilla, y el niuj bruto es capaz de ponerme la cama y la mesa, mis únicos trastos, en la calle Tengo empeñada hasta la respiración; en pleno invierno voy siempre de levita, como si me abrumara el calor, cuando por dentro doy diente con diente de frío, y mis botas se hallan desde hace un mes in extremis. El Director ya no me atiende; mi antiguo jefe no me recibe, j hasta los porteros, cuando me atisban por la oñcina, se dicen unos á otros: El cesante pelma El empresario de Eslava me ha respondido que mi comedia es demasiado seria, y el del Español que mi piececita excesivamente cómica En ningún periódico me admiten nada, porque no poseo una ñrma, y en ese semanario que publica Peláez, no pagan No hay amigo á quien no deba dinero La necesidad me ha obligado á manejar la espada como un infanzón Y no obstante, yo no soy un zote Ahí están Joaquinito Periano y Pepe Pipas, que me consta que son unos inútiles y que suben como la espuma ¡Dios mió! ¡Qué desgracia tan grande es servir para algo! 11. Soy solo en el mundo; no tengo padre, ni madre, ni novia, ni familia alguna; pero no quiero dejar esta picara existencia sin despedirme de alguien, sin volear mis penas en algún pecho; no hay nada que pese tanto como la desdicha, y aunque me quedan pocas horas de vida, mi corazón se halla tan lleno, que no puedo con mis dolores Tú, mi condiscípulo, predicarás, vegetarás rico y feliz en esa isla. ¿Te acuerdas? Juntos soñamos con la gloria en los albores de la juventud, cuando lo único que se ambiciona es brillar ¡Qué de versos nos hemos leído mutuamente antes de entrar en el aula ó á la salida! ¡Sueños de los veinte años, romanticismos de la adolescencia que nunca se olvidan, esperanzas azules, ilusiones sonrosadas! ¡Qué pronto pasáis! Ya no queda nada del ayer El mar nos separa, no nos hemos visto hace años ¿Te acordarás de mi? Quizás no. pero como no te he molestado jamás, ahí va mi último adiós Acaso si yo te hubiera escrito participándote la miseria en que me encuentro, me habrías mandado un pedazo de pan Tú eras bueno, Pero ¿para qué? ¡La lucha es imposible! ¡No puedo más! Adiós, mi querido amigo; hasta la otra vida... III. Aqvií Esta calle de árboles no es de moda y nadie pasea por ella Una ligera presión del índice, y rrii cráneo saltará hecho trizas por el disparo Cuestión de un instante, ¡Morir es dor-