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LA CAJA I J J V A x D E n m L T- -E L I A -IÍIEKTO D E LAS VÍAS URBASAS. -E L O A F É QUE PE CONSUME EN EL MUNDO. -LOS DOEAEOS LIBEES PE MOSCAS. CZ ¿i El Sr. Vanderbilt (D. Guillermo) es uno de los seres más desgraciados entre todos los que han visto la luz; es riquísimo, de los más ricos que existen, y con eso está dicho lo que sufrirá en esta vida y lo que le espera en la otra, pues antes pasará un camello por el ojo de una aguja, que un rico por las puertas del cielo según Jesucristo. Lloremos su infortunio; acompañémosle, si nos deja, en su sentimiento, y, cumplido este deber de humanidad, pasemos á describir la caja en que guarda sn tesoro, parte del cual consiste en unos CIEN C- ¿a. MILLONES DE PESOS EN VALORES AL POEXADOR. La caja en cuestión constituye una verdadera plaza fuerte, con los cimientos abiertos en la roca viva á fuerza de barrenos; la pared del frente mide cinco pies de espesor (más de metro y medio) y las restantes tres, cerca de un metro, estando formadas por ladrillos comprimidos con los bordes de granito. Las vigas y los pilares son de hierro y están empotrados en la mampostería rodeados de materiales á fuerza de fuego; las puertas, ventanas y marcos de ellas, son de hierro, marmol y vidrio, sin que en todo el edificio haya ni una astilla de madera. Sus cuatro puertas exteriores pesan 8.200 libras cada una, y están provistas de cuantos aparatos de precaución y defensa ha concebido el ingenio humano. La bóveda general tiene 11 metros por 18, poco más ó menos, y está construida á prueba de ladrones, de fuego y de agua. Pidamos á Dios que en sus inexcrutables designios se sirva afligirnos concedie ndonos un capital como el que pesa sobre el míster William Vanderbilt, para que podamos sacrificarnos por las clases trabajadoras encargándoles la construcción de una caja parecida á la del infeliz citado americano. La cuestión del pavimento de las calles parece muy sencilla y es, sin embargo, gravísima; le sucede algo parecido á la otra de que habla el conocido versito aquél que termina diciendo: Mire usted, parece nada, Y cansa ser progresista. El caso es que si la cuña de pedernal es mala, el adoquin no es mejor, y que si el entarugado suprime el ruido, en cambio es carísimo y peligroso por los resbalones y caídas á que expone. Ahora en Inglaterra, Alemania, Estados Unidos, etc. se da la preferencia á diferentes asfaltos ó pastas compactas y flexibles, hechas de multitud de materiales, desde el cemento hidráulico hasta el papel con vidrio machacado. Ya en Berlín la superficie cubierta con asfalto pasa de 600.000 metros cuadrados; en Londres se ha recurrido