Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
BESO Á USTED LA MANO Sí- señor se la beso á usted, señor lector, quien quiera que sea. Verbalmente, por de contado que de otro modo no se la beso á usted ni á nadie de mi sexo; ¡pues no faltaba más! Me limito á estrecharla y basta, y en muchos casos sobra; porque, á la verdad, hay apretones de manos muy desagradables. Cierto que debe ser más desagradable todavía estampar besos en ciertas caras, como poco tiempo ha solían hacer las señoras para saludarse; costumbre que hizo exclamar á un poeta de principios de este siglo: Y se dan besos y abrazos, Y todo es puro fingir; Si luego las vas á oír, Se están haciendo pedazos. Las mujeres, que son más listas y que saben más que nosotros, nos preceden siempre en todo aquello que demuestra mejora y adelantamiento; por eso han suprimido ya los besos- -entre ellas- (porque pan con pan es comida de tontos) y nosotros no hemos pensado aún en suprimir los apretones de manos, que menudeamos con deplorable frecuencia. Hoy las señoras de huen tono no se besan, y hacen perfectamente. Cuando vean ustedes á dos señoras que al saludarse se dan mutuamente, como dice un personaje de Bretón, Un beso en cada carrillo tengan ustedes por seguro que, ó ellas se quieren mucho ó no saben de la misa la media. Pero nosotros no aprovechamos esas lecciones que nos da el bello sexo, y seguimos estrechándonos nuestras diestras manos- -y aun nuestras siniestras, si somos zurdos- -y proporcionándonos con este motivo sensaciones variadísimas, eso sí, pero por lo regular nada apetecibles. ¿No han observado ustedes este hecho curioso? Pues fijen ustedes en él su atención, y echarán de ver cuan cierto es lo que ahora les digo. Muy contadas, contadisimas son las ocasiones en que el acto de estrechar la mano al prójimo no nos produce impresión de disgusto. Es claro, como que ese acto, demostración muy expresiva y ele-