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38 BLANCO Y NEGRO en solfa por todos, antiguos y modernos, la atmósfera poética que tuvo con D. Ramón de la Cruz y D. Francisco de Goya. Desde las verdes riberas del Manzanares, coronadas por el palacio de piedra donde se van sucediendo las dinastías, Madrid, castillo famoso, tiene el aspecto señorial, antiguo, clásico, del Madrid de Alfonso VI. No bien las laderas de nuestro rio se traspasan por el Puente Verde, el Madrid de hoy parece una protesta del que retrató el delicioso Curioso parlante. Florit, Martínez Abades, Iborra, Campuzano, Alcázar, Jiménez Aranda, Sorolla, Gros, Bertodano, Domínguez, Pelayo, Peña, Perea, Rumoroso, Romea, Martín Rico, Pulido y cien más han presentado obras elogiadas justamente. El perro ha dejado de ser el más fiel amigo del hombre, para convertirse en personaje. Con motivo de la adjudicación de premios en la Exposición canina recientemente celebrada, las calles de Madrid se han llenado de carteles en que consta la protesta que los canes, ó sus amos, hacen de la votación obtenida por los primeros. Ni más ni menos que lo ocurrido en algunos distritos después de las elecciones de diputados á Cortes. jY qué variedad de razas, especies, castas, ejemplares y nombres! No hace mucho, ya se sabía, todos los perros entraban en la calificación única de montos, canelos, palomos ó chichos; pero hoy, ¡ya! Aunque los organizadores. del certamen canino sepan que quien da pan á perro ajeno, pierde pan y pierde el perro, su entusiasmo por la protección á la raza es tan grande, que no temen andar entre sí cotno perros y gatos, porque llegue un día en que se puedan atar los perros con longanizas. Como á perro viejo no hay tus, tus, yo voy siendo va en estas cuestiones como el perro del hortelano. Convencido de que á perroflacotodas son pulgas, no quiero perro con cencerro, y trato como á un perro á los canes que se lo merecen, que son muchos. Ládreme el perro y no me muerda, digo yo cuando veo en este mundo tantos hombres como los perros de Zurita, que, no teniendo á quien morder, uno á otro se mordían, y echo á perros todo lo que pueda demostrarme que, efectivamente, el perro con rabia á su- amo muerde. Muerto el perro, se acabó la rabia, y si uno ha de morir como un perro, que sea siquiera probando que perro alcucero, nunca buen consejero, y que á uno no le han dado perro, sino por causas que tengan más relieve y trascendencia que unas cuantas perrerías. ly y