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BLANCO Y NEGRO 29 La única vez que entró en aquella casa el desventurado galán, después de la aparición de la viruela en Madrid, D. Agapito lo metió en la despensa y allí lo tuvo haciendo cuarentena dos días. Para que no muriese de inanición, su novia le servía los alimentos por la gatera con la caña de la escoba. -Sabina- -dijo I) Agapito á su mujer- -tengo una buena noticia que darte. Un doctor americano asegura que el verdadero preservativo contra la viruela es- ¿E l palo de jabón? -No. ¿La harina de linaza? -Tampoco. El agua de Colonia tomada en ayunas. -Pues es cosa fácil de obtener. -Estás en un error; es necesario que la Colonia sea legitima. -Comprémosla inmediatamente. ¿Estás loca? Yo no salgo á la calle por nada de este mundo. Quiero vivir en el aislamiento. -Enviemos á la portera. ¡Jamás 1 ¿Quién me asegura que nos la traiga legítima? Además, llevo hechos muchos gastos. Aun no hace quince días que le compré á la niña una caja de pastillas de clorato, y de seguro que ya se las ha comido. -Agapito, eres un tacaño. -Lo que soy es muy previsor y un hombre ordenado, que no quiere morir en San Bernardino ¡Caramba! ¿Cuánto costará un frasco de agua de Colonia superior? Una tarde D. Agapito leía por centésima vez las prescripciones higiénicas del doctor americano, cuando entró D. Sabina en la habitación, y mirando fijamente á su marido, exclamó: -Agapito, tienes la nariz llena de pintas. Agapito, ¿estás malo? El esposo se levantó como movido por un resorte, y fué á mirarse al espejo. -Sí, sí- -decía lleno de espanto. -Yo tengo las viruelas. Se le habían indigestado las frases de su esposa hasta el punto de producirle ardor en el estómago. Cuando logró que la tranquilidad volviese á su espíritu, había adoptado una resolución heroica. La de mandar á la portera por un frasco del agua sublime- ¡Seña Juana! -gritó desde arriba. ¿Qué se ofrece? -preguntó la buena mujer. ¿Sabe usted lo que es agua de Colonia? -I Vaya si lo sel ¿No es una cosa blanca y espesa? -No, mujer, no. Usted la. confunde con el agua de vegeto. -Bueno, pues usted me dirá. -Quiero que vaya usted á una droguería. ¿Sabe usted lo que es una droguería? ¡H o m b r e ni que viniera ahora de arar! Una droguería es una tienda donde venden los ewgüentos. -Perfectamente. Pues vaya usted corriendo á comprar un frasco de agua de Colonia, pero de la buena. Yo no sé lo que costará; debe ser cosa de cuatro ó cinco reales. Dice usted que es para un remedio Ponga usted el delantal, que voy á echarle un duro, porque no tengo otra moneda más chica; pero de fijo que le sobran á uste d cuatro pesetas lo menos... La señora Juana corrió á la droguería, regresando á los pocos minutos. Eh! jD. Agapito! Aquí está el agaa áe colondria- -gritó desde abajo.