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LA VERDADERA ENEERMEDAD Desde que se habían recibido las primeras noticias sobre la aparición de la viruela en la calle del Bastero, D. Agapito era víctima de la aprensión. Suapreciable esposa no cesaba de decir: -Buenas son las precauciones, pero tú abusas del miedo. La aprensión va á llevarte al sepulcro. Pero él no escucha las atinadas observaciones de su mujer, y sigue adoptando toda clase de medidas sanitarias, en perjuicio de la salud. Bebe el agua caliente, mezclada con vino de Cariñena y betún mate; duerme con la cabeza dentro de un saco de azufre, y se pasa las horas sentado sobre un barreño, porque le han dicho que el barro de Alcorcón es un preservativo eficaz contra las enfermedades infecciosas. D. Agapito ha despedido á la criada porque no quiere la aglomeración de gente en su domicilio, y ha adoptado el siguiente procedimiento p a r a comunicarse con la portera, que es quien surte de comestibles á, aque- lla desventurada familia. Él arroja u n a cesta desde la ventana al patio, sujeta con un cordel; la portera coloca los comestibles en la cesta, y D. Agapito la sube desde arriba. Depués somete los comestibles auna fumigación de pólvora y cascara de huevo. Todas estas prescripciones higiénicas le han sido facilitadas por un albéitar que ha hecho grandes estudios sobre toda clase de virus, y desea que le nombren veterinario del Ministerio de Fomento. D. Agapito tiene una hija que ama á un joven escribiente de la clase de quintos; pero como medida sanitaria, ha quedado prohibida la presencia del escribiente en aquel domicilio. -No tengo laseguridad de que ese chico se mude todas las semanas- -dice D. Agapito. -Un h o m b r e que sólo cobra veinte duros al mes, debe tener pocas camisas. -Pero, papá, si es limpio eomo. los chorros del oro- -contesta la chica sollozando. -No me fío de la ropa blanca de ese joven.