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¿SON FLORES Ó NO SON FLORES? HUERTA DE CIGARRA 5 de Mayo de 1891 años. Sr. D. Ángel Muro, en Madrid Mi querido D. Ángel: En los periódicos de Madrid correspondientes á la pasada cuaresma de este año de 1891, he leído que las costumbres establecidas en España desde remotos tiempos, exigen que las damas vistan trajes serios en armonía con la época de recogimiento y oración que atravesamos; que la tela más propia es el cachemir de la India, en negro ó color gris acero; que la falda recta de media cola es muy propia, con dos quillas de pasamanería muy estrechas y cerradas por botones en ambos lados; que la chaqueta debe ser de aldetas y, por último, que una capotita de pasamanería completa ese gracioso atavio que no se separa de los límites de la más estricta sencilkzjbuen gusto. Creo, amigo mío, que una mujer guapa y elegante, ataviada con las ropas que acabo de señalar; una dama vestida de vigilia, que digamos, puede gustar tanto ó más que cualquier señora de día de carne, ó sea con vestimentas apropiadas á otra época diversa de la de recogimiento y oración que atravesábamos en el período á que el cronista se refería. No dudo que V. apoyará la sensata ó insensata opinión que acabo de apuntar, y que, á mi parecer (y sin duda al del filósofo de la estricta sencillez y 6 e gííísío) no tiene vuelta de hoja. Mw Vamos á otro punto que no hallo tan claro como el anterior, y para el cual solicitóla opinión de V. jurando someterme á ella y acatarla como si se tratase de ley votada en Cortes y sancionada por la Corona. Hablando de banquetes, dice otro escritor cortesano lo siguiente: La costumbre de colocar junto á cada cubierto un houquet, que luego adorna el ojal del frac que los hombres visten, ó se prende al cuerpo de las señoras, resulta siempre muy agradable y delicada. No sé si estar conforme con que la costumbre sea delicada: démoslo de barato. Lo de agradable es lo que no entiendo. Sin estudiar medicina ni leer á Brillat- Savarin, se saben las relaciones que median entre el olfato y el gusto. Ni los gatos ni los borricos comen lo que no, les huele bien, confirmando así la sentencia de ser las narices el centinela avanzado del paladar. Es punto tan trillado el que se relaciona con los olores, que serán pocas las personas que no hayan conjugado los verbos oler, oliscar, olfatear, husmar, husmear, ventear, etc. cuando ha convenido á sus miras ó intereses. Y supuesto que de cosa vulgar se trata, atestiguaré con el libro más vulgar que conozco para advertir la relación que tiene ó debe tener el olor con la cosa ó persona de quien se trate. Al volver Sancho Panza de llevar la carta para Dulcinea, le preguntó D. Quijote: Cuando llegaste junto á ella, ¿no sentiste un olor sabeo, una fragancia aromática un tufo como si estuvieras en la tienda de algún curioso guantero? Sancho contestó que no había sentido más que un olorcillo algo hombruno, por hallarse la dama sudada y correosa.