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LOS INTERESES CREADOS. El estrépito era grande; las vigas, sacudidas con fuerza, temblaban como en un terremoto; una nube de polvo enrarecía el aire y quitaba la vista y la respiración. Huían despavoridos los ratones; las moscas salían en tropel por las ventanas, y se refugiaban en las rendijas más estrechas chinches, arañas, hor migas, cucarachas y polillas. ¡Ay! -decía una chinche con acento desgarrador. ¿Qué será de mi cría, si yo me he salvado con trabajo? La familia se acaba para siempre. -Y la tranquilidad de todos, señora- -repuso una polilla. -Figúrese usted que vivíamos desde tiempo inmemorial en una capa de grana que nos servía de abrigo y alimento, y nos han expulsado á garrotazos. Ya no hay propiedad. ¿Hay nada más respetable que la industria? Pues acaban de destruir en un instante más de cien telas magníficas que representan el trabajo de miMW -y f jw. í -VS t isS M- Vv llares de arañas. ¡Oh, qué tejidos y qué colgaduras han destruido los malvados! i 5 á -Nada de eso vale lo que el túnel de tablas que había construido y han deshecho. Era una obra de arte- -dijo un ratón desconsolado. ¡Asesinos! ¡Ladrones! ¡Bárbaros! -decían en, sus innumerables idiomas todos los perjudicados, zumbando, aleteando y atronando la casa con sus gritos. -Pero ¿qué ocurre? -gritó desde lejos la dueña de la casa á su criada. -Nada, señora- -respondió la Pepa continuando su tarea; -es que estoy sacudiendo con los zorros el polvo de este guardillón. JOSÉ FERNÁNDEZ BREMÓN.