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EL REY QUE RABIÓ, ZARZUELA DE RAMOS CARRIÓN como mozo que tiene la edad x) ara servir al R e y Conflicto horrible. Se lo v a n á Uevari se lo llevan El Ministro de la G u e r r a el deacaüonado general, tiene una corazonada se presenta voluntario. Es aceptado para ranchero. Y ya se v a n los quintos. 1 Aiiyé H P u e s señor, este era u n Rey j o v e n guapo y travieso, que no estando m u y conforme con las etiquetas cortesanas, decide, por su sola voluntad y contra la de sus ministros u n a excursión por los pueblos de su r e i n o y de paso enterarse del estado de sus Búbditos. La noticia alarma al Mmisterio, que sabe perfectamente la deplorable vida que a r r a s t r a n loa contribuyentes, y por u n m o m e n t o sólo por u n m o m e n t o piensa dimit i r pero n o son de la cepa de los buenos funcionarios, y pasan por todo antes que dejar el sabroso t u r r ó n E l Rey adopta u n caprichoso disfraz de p a s t o r le acompaña el Ministro d e la Guer r a q u e más aficionado que los demás á la p o l t r o n a sacrifica su bigote y se disfraza también d e pastor. m a d r e así, sin más requisitos, n i más formalidades, ni más nada. Cosa r a r a que en aquel país fuese soldado el sobrino del Alcalde. Ya estamos en el c u a r t e l enoiTne íortalez Í guadarda (al parecer) por una sola centinela. Al bravo Ministro de la Guerra le han encargado de la instrucción de reclutas, por conocer, aunque parezca m e n t i r a la táctica que él mismo escribió. E n t r e los quintos está Jeremías, el pobre J e r e m í a s que a u n no h a podido entender u n solo toque de corneta. U n o sí uno que le enseñó el capitán en... salva sea la p a r t e K n t r e t a n t o R o s a que n o puede vivir sin su pastor, pretexta u n a visita á Jeremías ¡pobre Jeremias! para que la acompañe su padre al cuarrel, y a l l í mientras el Alcalde busca á su sobrino dejando sola á Rosa, la ve el R e y que hace las veces de recluta y c a n t a n d o siempre c a n t a n d o la propone u n rapto. T d a principio la odisea, q u e n a t u r a l m e n t e empieza con mutación. Estamos en u n pequeño pueblo, á tres leguas de la corte. En modesto mesón, propiedad del Alcalde, viven é te, su bija Rosa y su sobrino J e r e m í a s mozo reclioncbo y coloradote, enamorado candidamente de su prima, á quien no hace gracia t o m a r u n primo ñor marido. E l l a Rosa, tiene la cabeza llena d e grillos, y a u n sueña con idilios pastoriles Rstas ideüs hacen m u y desgraciado á Jeremías. Dos pastores (Rey y Ministro) llegan al pueblo, y v a n precisamente, al mesón del Alcalde, donde piden algo que comer. Rosa viene de la fuente, el Rev la v e ella v e al sencillo pastor, y ¡paf! se enamoran los dos furiosamente. Él la pide le deje apagar su sed de amor con el agua fresca de su c á n t a r o y a l l í en presencia del desgraciado i ív 0 ííi: m a 5 (Observen ustedes que estos dos tórtolos no se encuentran una sola vez que no se canten algo. Y se r a p t a n efectivamente; pero antes el Rey h a tenido tiempo de escribir u n a carta al Ministro, dicíéndole que, h a r t o de sus consejos y t u t e l a ae emancipa, se declara eu huelga. Aquello era peligrosísimo, podía derrumbarse el Ministerio, se hacia preciso decir la verdad. -Si, yo soy el Ministro de la G u e r r a y o y ese, ese quinto que ha desertado... el Rey! -Rey, Ministro, ¿eh? replica el capitán ya t e lo dirán, ¡A ver! cuatro hombres que lleven á éste al calabozo. ¡Miren por dónde le h a dado el vino! Bonito ejemplo. Pero ñ ¡si es el Ministro! El Gobernador se da á conocer, y pone al capitán en antecedentes. ¿Qué es lo que ha hecho? ¡Encerrar al Ministro! ¡Huyamos! dice: y con algunos hombres sale en busca del Monarca. El padre de Rosa tiene á grande honor que su hija haya encapado con el Rey. ¡Qué elevación de miras! Corramos u n velo; n o u n velo n o u n telón, y recién pintadit o, con muchos efectos de luz eléctrica, y que representa u n campo de trigo en la época de la siega. En este cuadro no pasa n a d a sólo h a y música, mucha m ú s i c a que querrá decir así como si creciera el trigo, ó que no todo era p a j a en fin, algo querrá decir aquel telón. ¡Ya están aquil ¿Quiénes h a n de ser? Das segadoras, u n ciento de mascotas que acaban de segar todo aquel telón recién pintadito. Vienen á la posada á comer migas calentitas. E n t r e ellas (entre las pegadoras, no entre las migas) están Rosa y su Monarca de segador también. ¡Y cómo le h a crecido el pelo! También él quiere migas ¡vaya! ¡si es de lo m á s caprichoso! y allá se v a con su Rosa. Ycf J e r e m i a s se dicen u n a porción de t e r n e z a s se c a n t a n mejor d i c h o porque estas cosas h a n de ser forzosamente cantadas. E l pueblo no cabe en sí de gozo. ¡Le h a n sido perdonadas las deudas! y viene alegre y alborozado á bailar frente A la casa del Alcalde. E! sencillo pastor quiere disfrutar t a m b i é n y baila que se las pela. Do p r o n t o lejano batir de tambores interrumpe la fiesta. TJn piquete de soldados viene á recoírer los q u i n t o s q u e por casualidad, ¡mire usted qué díantre! estaban allí mismito. Uno de ellos es J e r e m í a s el pobre Jeremías, q u e jxir ima ve? sólo u n a tiene u n p e n s a m i e n t o el de delatar al candoroso pastor