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¡Viva Parmentier! ¡Vívanla alegría y las patatas! como dicen allende el Pirineo, pero bien allende, porque ya saben los que esto leen, que Bayona, Tolosa y Perpiñán no son más que suburbios de San Sebastián, de Pamplona y de Barcelona. Vivan, sí, las patatas, y ¡hurrah! por las patatas infladas ó souffiées. ¡Qué bonito y qué M de siglo resulta así el vulgar tubérculo! Vamos á soplar unas patatitas. En una sartén grande y llena de buena manteca de cerdo, se cuecen, no se fríen, patatas cortadas en redondo, ó en cuadrado, ó en triángulo, del grueso del canto de un duro. Es decir, que se echan las patatas en la sartén, cuando la grasa está caliente, pero no en punto de freir. Sin que estén enteramente cocidas, se sacan con la espumadera y se airean en la pasadera, en donde escurren y se enfrían un poco. Se aviva el fuego, para que la manteca llegue á su grado máximo de Ye, caldeo, y entonces se echan de pronto las patatas hasta que se abulten, se doren y se pongan respingonas. Si las patatas no están nadando á sus anchas en la grasa, ó se pegan, no se consigue su hinchazón. Mucha grasa j pocas patatas, voila lesécret. En el momento de servirlas, se espolvorean con sal molida, y se colocan sobre una servilleta bien planchada, en una fuente redonda de oro, de plata ó de porcelana. -íSÍ.