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EL TRABAJO. -FENÓMENOS NEOYORKIKOS. PILA ELÉCTRICA BARATA. El trabajo es siempre un combate, en el cual sólo á la voluntad pertenece la victoria, y aun la voluntad misma no vence en él, si no se sacrifica; el sacrificio, pues es el último término de toda acción fecunda en este mundo. Esta máxima, apotegma ó cosa parecida, que encontramos en una revista científica extranjera, nos viene como anillo al dedo para inaugurar en BLANCO Y KEGKO nuestros artículos, pues explicándola explicamos á la vez el alcance de ellos. Claro está que no pretendemos descubrir nada, ni enseñar á determinadas personas; por gusto, y hasta por deber, hojeamos continuamente cuantos periódicos técnicos caen en nuestras manos pecadoras, que son muchos, y de sus páginas tomamos todo aquello que nos parece útil, curioso ó expresión sencillamente del trabajo humano; lo reproducimos, aderezándolo como Dios y nuestro humor nos dan á entender, y contribuimos de ese modo á que la idea provechosa, la que encierra alguna verdad, no se pierda en seguida, procurando á la vez poner alguna traba á la que nos parece una extravagancia y tiene, por consiguiente, más probabilidades de éxito si se la deja correr suelta y sin freno. Estos artículos son, por lo tanto, ó están escritos con la intención de que lo sean, un homenaje humildísimo, único que nos está permitido, dedicado al trabajo, al estudio, al sacrificio, en una palabra, que el trabajo y el estudio representan. En Nueva York hay un tranvía, como saben ya perfectamente nuestros lectores, y ha además tres tipos curiosos que andan sueltos, despreciando un dineral, pues si sólo se dejaran ver á tanto la entrada, es seguro que ganarían mucho: una mujer, natural del Missouri, que mide dos metros y medio de estatura; una mujer que pesa 449 kilogramos y un gigante de 3 metros 35 centímetros. Tres tipos inútiles, probablemente, por haber nacido personas: si fueran siquiera caballos ó cerdos, servirían para mejorar la raza, y algo es algo.