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Y VITAL AZA, MÚSICA DEL MAESTRO CHAPÍ, P O R H a llegado la llora d e dormir -dice la música- -y efectiramente, todos so ent r e g a n al descanso; los hombres a r r i b a en el pajar, y las mujeres abajo. Sobre todo la moral. P e r o una voz p o t e n t e la de u n hermoso p e r r o factor principal y personaje importantísimo de la o b r a viene á t n r b a r el sueña do los dueños de la posada. ¿Quién podrá ser? J e r e m í a s el pobre J e r e m í a s que h a desertado en busca de su Rosa, y que pida hospitalidad por u n a noche. G- rave es esconder á u n d e s e r t o r p e r o en ñ n i pobrecillo 1 la caridad lo manda. Jeremías está xaAs atortelado que de costumbre (parece increíble) y v a á esconderse en el sitio preciso e n que estaba el p e r r o que ¡n a t u r a l mente I le muerde en donde no puede decirse. ¡Maldito perro! A v e r ¿dónde ha sido? B u e n o b u e n o yo le c u r a r é porque mi mujer no debe ¿M. ÓS gente? T militares. iPor el desertor! ¡Si no se puede hacer bien á nadie! -ÍS o, A. PONS médicas de la corte. E n efecto, los doctores están todos conformes ¡cosa rara! en q u e el p e r r o á juzgar por los s í n t o m a s puede estar rabioso y puede no estarlo. Adelantándose al carro en que viene Jeremías ¡pobre Jeremías! llegan á la corte el R e y R o s a la posadera y su marido. El Rey e n t r a cautelosamente en palacio, y ordena le sea presentada Rosa. Cuando é s t a que aun no sabía la condición real de su a m a n t e estaba en u n corredor espeVando ser llamada á presencia del Monarca y pedir indulgencia para su p a s t o r entran sigilosamente J e r e m í a s el pobre J e r e m í a s y el capitán. Rosa se apercibe entonces, por las reverencias y atenciones del c a p i t á n de que han tomado i Jeremías por el R e y y así se lo dice para que se e n t e r e que b u e n a falta le hace enterarse de algo. Se presenta el Rey a u t é n t i c o y cuando arrodillados piden g r a c i a reconocen e n el transformado Monarca al sencillo p a s t o r ai a m a n t e querido, al rival odiado. ¡El Beyl E l capitán no se explica aquello. ¿Qaién es entonces el que h a traído en el carro? Y a h e dicho á ustedes que Rosa tiene la cabeza llena de grillos. E n aquel momento se le agita la grillera y ya no quiere al Rey. Ella adoraba al candoroso pastor, al modesto r e c l u t a al serrador melenudo, mas no á u n r e y pero como esta pareja lo arregla iodo c a n t a n d o esta vez también con música queda ella convencida, amén de la ayuda del señores, aquí n o B u e n o s í pero no le h a g a n ustedes daño. Al pobrecito le h a mordido el perro. ¿A él? ¿Al Rey? ¿Mordido? ¿Rabioso t a l vez? B 3 preciso llevarlo á palacio, y al perro también. El capitán se encargará d e la miBÍón. EUos, e n t r e t a n t o i r á n á la corte á prepararlo todo. Jeremías tiene u n hambre que le m a t a y á riesgo de ser mordido otra vez, sale al corral á buscar algo que comer. Más fácil (y menos expuesto) hubiera sido encontrar lo que quería en la c o c i n a pero n o conviene que sea en el corral, porque allí está la posadera, quo se arrodilla para besarle la mano, á tiempo que el capitán se arrodilla también. lEs el Rey! ¡Pobre J e r e m í a s rey él cuando apenas si es tal Jeremías! Pero se empeñan en rendirle homenaje, y lo a c e p t a a u n q u e ignora el papel que está haciendo. Él n u n c a sabe lo que le sucede, sólo, s i que quiere á Rosa y que es lo mismo que si quisiera la l u n a Conque, andando. La tropa bate m a r c h a y él se m e t e e n el pobre J e r e m í a s que la insta á querer al Rey para que no le castigue. ¡É l q u e t a n t o la quiere, entregársela á otrol H a y seres desgraciados. ¿Pero quién es el que yo he traido en el carro? -se sigue preguntando el capitán. -El del carro soy y o coronel- -áíce el Rey a l o í d o del estupefactado ex capitán. -Pero ¿rabiará? -se siguen p r e g u n t a n d o los Ministros. -Jío; m e íícíító bien. ¡Se sienta bien! -Yo no soy el Rey que r a b i ó aquél era otro. Yo rabio de ganas de casarme. -Pues hoy precisamente es el día señalado para recibir las comisiones que t r a e n retratos d e las princesas e n t r e las q u e habéis de elegir u n a -Pues al salón. Que entren las comisiones. c a r r o donde h a y paja a b u n d a n t e p a r a que no le moleste la h rida y para saciar el hambre. La cosa se hubiera complicado si el R e y á qui n traía desvelado el amor ¡oh, el amor! no se e n t e r a r a perfectamente df sde u n a v e n t a n a del pajar en que no dormía. Se evitaría el escándalo de u n a suplantación, y Jeremías ¡pobre Jeremías! sería rey dur a n t e el camino solamente- La corte estaba j a en moTimiento. Mientras u n coro d e pajes comenta á su sabor la desaparición del R e y otras m u y distintas preocupaciones traen á mal t r a e r al Almir a n t e al I n t e n d e i n e al Gobernador y al general- -que h a r e c o b r a d o su bigote, por lo que es m u y felicitado. ¿Rabiará el Rey? lios doctores que h a n reconocido al perro nos sacarán de d u d a s Son las eminencias TJna inglesa; m u y bonita. Otra italiana. Otra rusa. r- M u y guapas t o d a s buenas personas, con circunstancias ellas, pero y ustedes perdonen, á mí n o m e g u s t a n caballeros; poi- nne yo t e n g o mis gustos, como cada bijo de v e c i n o y y a h a b r á n ustedes observado, por la m a n e r a de dar ascensos, que soy m u y liberal, por lo cual elijo para esposa á la que h a conquistado mi corazón. Asombro en las masas y un olor m u y acentuado de cesantía en los Ministros. Qae ntre. ¡Cómo! ¿Ella? ¡La d e los grillos. -Y acompañ a d a d e J e r e m í a s á quien h a n hecho oficial, como podrían hacerlo Archipámpano, sin que él se e n t e r a r a -Esto no puede s e r es u n atropello, u n a violación de las leyes; d i m i t a m o s sí, dimitamos pero n o no dimitimos, ¡Viva la Reina! -Bueno. ¿Pero quién es el que yo h e t r a í d o en el caiTo? se sigue preguntando á la hora en que escribimos estas lineai el coronel ex c a p i t á n que a u n no ee ha e n t e r a d o á pesar del ascenso.