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6 BLANCO Y NEGRO La feria remueve, entretanto, sus millares de personas. En el ancho prado de San Sebastián no hay palmo de tierra sin figura. Las 3- eguadas se agrupan compenetrando el calor de sus cuerpos; los borregos se apelotonan en limitado espacio y lanzan su balido lastimero; el caballo de precio, con la gentileza soberana de los caballos de Fidias trazados en el friso del Parthenón, bracea conduciendo al gallardo jinete, y pasea su arrogancia augusta por el ferial. En las casillas, refugio de la gente elegante que acude de mañana á la fiesta, se ven caras divinas de mujeres, en las que se nota algo del rostro de la Virgen morena de Murillo. El palique sabroso y vivo, y la intimidad familiar, sustituyen á la ruidosa zambra de la noche, en que la música preludia las sevillanas y las baila una pareja aristocrática que reproduce sus evoluciones en los espejos. Este apunte y muchos más, tantas veces trazados por esta pluma pecadora, se ven formando cuadro, con la imaginación, cuando el Domingo de Ramos agita sus arcos de palmeras y elevan las catedrales la mística fragancia del incienso. A. la feria de Sevilla se entra por la puerta de Semana Santa, su aliada. Quizás por eso, para una sensibilidad exquisita vaga en el cuadro brillante un sutil j levísimo ambiente, un ligero sabor religioso, como si aun duraran en los aires las últimas vibraciones del Miserere, C tZMr -d -y 7 í- t- El aire que t u abanico, Hermosa niña, levanta, No es aquel que el cielo nubla, E s t r e m e c e las m o n t a ñ a s Alborota el oleaje. Cimbra y abate la palma Las mieses fecundas t r o n c h a Y al roble del suelo a r r a n e a Sino el dulce que palpita De la alondra en la g a r g a n t a Templado las flores m e c e S u s u r r a en las e n r a m a d a s En las fuentes burbujea. Vibra en las c u e r d a s del a r p a Languidece en los suspiros Y en los Ósculos estalla. JOSÉ VELARDE. H. -j