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I APUNTE DE FERIA Ya pasó, como todos los años, con su preludio de Semana Santa y su arco de triunfo formado de palmeras. Hu i j 5 A través de ese arco con que Jerusalén rodea i la cabeza de Jesucristo, ve la imaginación un luminoso fondo de feria, un hervidero de seres humanos que componen uno de los cuadros de costumbres de Sevilla. Quién no sueña con esta famosa ciudad, al acercarse la época de su feria, y quién no gusta de su alegría, en cuyo fondo hay derramado no sé qué espíritu de tristeza, algo así como el germen de un cuento de Becquer! Sus esplendores, como dice el para mí generoso crítico Leopoldo Alas, tienen un misticismo suave, una unción religiosa que penetra en el alma como una claridad celeste. Es la luz de Sevilla una luz que ríe con risa de ángeles. Los juegos de rayos de sus calles, y los que derraman su gracia en rejas y balcones, se parecen á juegos de niños alegres; son una santa resplandecencia, algo como la, juventud de la luz. Derramad esos esplendores sobre figuras picarescas y airosas, sobre rostros donde rebosa la malicia espontánea y sin artificio, sobre trajes y galas andaluzas, y tendréis la halagadora impresión de la feria. La cancela da su motivo á muchas de las demás cosas de Sevilla; lo transmite á la conversación ondulada y caprichosa, á los muros árabes del alcázar y á los que encuadran el patio florido y elegante. La mantilla, con su gracioso dibujo, parece estar calcada en una cancela. La gitanería, poseedora de chachara pintoresca, da acentuado color al cuadro de la feria y ajusta como rima al espíritu de la fiesta típica. La greña, salvaje y áspera; los cuellos, de tirantes tendones y tono bronceado, la tijera, maestra de f