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ABC SÁBADO, 5 DE OCTUBRE DE 2019 abc. es opinion OPINIÓN 15 El plagio de las tesis doctorales Durante más de siete años he sido profesora en la facultad de Ciencias de la Comunicación y el Instituto Europeo de Protocolo de la Universidad Camilo José Cela, de la que tengo muy buenos recuerdos, he hecho grandes amistades con mis compañeros y he compartido experiencias muy especiales con mis alumnos. Quiero manifestar que estoy muy indignada con las recientes informaciones de las tesis doctorales que son plagiadas y que no se puede generalizar. El título de Doctor, máximo reconocimiento académico, requiere de años de esfuerzo y estudio que enriquecen nuestra sabiduría, con un único objetivo de gran responsabilidad: formar a los hombres del futuro. Quiero elogiar a la ex directora general de Educación concertada, becas y ayudas al estudio de la Comunidad de Madrid, Concepción Canoyra, por presentar su dimisión tras desvelarse que se doctoró con una tesis que contiene copia de párrafos enteros, titulación que obtuvo en la Universidad Camilo José Cela. Pero, no son de recibo sus declaraciones de que hay alguna frase copiada, como en todas las tesis y su contundente afirmación como en el 99 de las tesis de este país Tendríamos que recordarle que cree el ladrón que todos son de su condición... ANA LUCRECIA BASCHWITZ MADRID TRIBUNA ABIERTA SANTIDAD ANTES QUE PAZ: JOHN HENRY NEWMAN POR VÍCTOR GARCÍA RUIZ El 13 de octubre, Newman, el gran converso del anglicanismo será canonizado por el Papa Francisco en la Plaza de San Pedro. Un santo más inteligente y humilde de lo normal. Intelectual y humilde, eso sí que es un milagro su cuenta. Le contestaba que no tengo nada de santo y es una dura (y saludable) humillación que piensen que uno está a punto de serlo. No voy para santo, triste es decirlo, y la gente a mi alrededor lo nota enseguida. Los que están lejos creen que uno es algo impresionante; pero eso es cosa de niños. Me contentaré, en el cielo, con limpiarles los zapatos a los santos; a nuestro patrono san Felipe Neri, si es que usa betún... Esta carta nos dice dos cosas: que, ya en vida, tuvo alguna fama de santidad y que su reacción ante esa fama es una genuina humildad. Newman se tomaba muy en serio la aspiración a la santidad, como sabe cualquiera que se haya acercado a sus sermones, en particular los anglicanos. En uno de ellos se dice, precisamente: Nos da miedo ser demasiado santos Santidad antes que paz: es un ideal que el joven Newman tomó de un autor protestante y que, ¿quién lo iba a decir? tras muchas y peligrosas curvas, lo depositó en la Iglesia católica. La historia de su conversión es una aventura intelectual y moral admirable, conmovedora. Tuvo, además, una fuerte dimensión social: al país más orgulloso de la tierra le estaban di- A ¿Inclusión o exclusión? No entiendo por qué en esta sociedad que se etiqueta de inclusiva, sigue habiendo colectivos a los que no se tiene en cuenta. La teoría es que todos los seres humanos tenemos derecho a acceder a la información de manera igualitaria. Todos los días encendemos la televisión y vemos las noticias sin pararnos a pensar que hay personas que no pueden acceder a este contenido. Teniendo en cuenta que hay cerca de un millón de personas sordas en España, ¿por qué no hay intérpretes en todos los telediario? ¿No debería la comunidad sorda poder ver las noticias al igual que el resto? Está claro que la inclusión de pequeños colectivos está lejos de ser una prioridad en este país. SOFÍA RODRÍGUEZ BAUTE BARCELONA Pueden dirigir sus cartas y preguntas al Director por correo: C Juan Ignacio Luca de Tena 7. 28027 Madrid, por fax: 91 320 33 56 o por correo electrónico: cartas abc. es. ABC se reserva el derecho de extractar o reducir los textos de las cartas cuyas dimensiones sobrepasen el espacio destinado a ellas. mediados del siglo XIX un predicador anglicano, famoso en la universidad de Oxford, se hizo católico. Pasaron los años y, al final de su vida, el Papa León XIII lo hizo cardenal. Escribió bastante y al parecer muy bien, sobre todo un libro titulado Apologia pro vita sua. Su nombre era John Henry Newman, vivió una larga vida (18011890) de victoriano eminente, pero a la vez tranquila, y un tanto oscura. En España no se le conoce demasiado; más bien, se le suele confundir con un apuesto actor americano del mismo nombre. El próximo 13 de octubre, Newman, el gran converso del anglicanismo (no el actor) será canonizado por el Papa Francisco en la Plaza de San Pedro, en el Vaticano. Pero Newman ya había sido canonizado, poco antes de morir. Por su obispo. Privadamente. La cosa fue así: el obispo, que en su adolescencia había recorrido los mares como grumete y, después, misionero en la Australia más áspera, se las había visto con facinerosos y otros deportados en aquella colonia penal, fue a visitar a Newman, que había vivido más de cuarenta años semiolvidado en la fea ciudad industrial de Birmingham. Ahora, como era cardenal, gozaba de cierta notoriedad. Los dos se llevaban muy bien y charlaron largo rato. De repente, sin previo aviso, el artrítico Newman, a sus ochenta y muchos años, se puso de rodillas y le pidió al obispo por favor, déme su bendición Los cardenales y más los de antes no piden bendiciones sino que las dan. Pero a Newman esas formalidades le traían íntimamente sin cuidado. En el viejo Oxford, algunos entusiastas hablaban del misterio de Newman, refiriéndose a aquellos sermones inolvidables que llenaban la iglesia de Santa María los domingos por la tarde. Alguien que lo conocía bien dio la clave: El único misterio de Newman es que le importan un bledo las cosas de este mundo incluido el entregado público de sus sermones. Pero volvamos con el obispo: al salir de la casa, Newman no quiso cubrirse con el birrete rojo, y le decía: Me he pasado toda la vida dentro de casa, mientras usted combatía en el mundo por la Iglesia El obispo pensó para sus adentros ¡este hombre es un santo! Muchos años antes, Newman había hecho frente a una admiradora que lo había canonizado por ABC ciendo, a la cara, que su institución más nacional, la Iglesia anglicana, malnació en su día con un grave pecado original; y que, después de todo, como se atrevió a ver Newman, Roma tenía razón Muchos otros, amigos, seguidores, hombres y mujeres, lectores del vicario de Santa María, le siguieron por ese camino; unos hasta el final, otros casi hasta el final. La historia lo llama el Movimiento de Oxford. Y ahora es Roma quien incluye a John Henry Newman entre sus santos de altar. Un santo más inteligente de lo normal y más humilde de lo normal. Intelectual y humilde, eso sí que es un milagro. VÍCTOR GARCÍA RUIZ ES PROFESOR DE LA UNIVERSIDAD DE NAVARRA