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76 ABCdelOCIO VIERNES, 1 DE MARZO DE 2019 abc. es ABC Patrimonio natural El toro frente a la nada Cuando el toro comparece en una plaza, se despliega una fastuosa coreografía de belleza BORJA CARDELÚS Ventana al campo Cuando marzo mayea, mayo marcea LOLO DE JUAN icen que los comienzos de siglo suelen ser épocas de incertidumbre y cambio. Entre los muchos cambios que aportan desasosiego a esta época nos encontramos con el movimiento animalista, movimiento perturbador y que presenta un nuevo modelo de contrato social. Y que quiere acabar con las tauromaquias, modificando de manera sustancial el ecosistema que tiene como centro el toro bravo. Lo primero que se nos viene a la cabeza cuando hablamos del ecosistema del toro es la dehesa, un paisaje costoso de mantener, creado por el hombre para una mejor gestión de unos animales que usamos para nuestros fines. Las dos primeras consecuencias, inmediatas, de un hipotético triunfo del animalismo, serían la desaparición tanto del toro bravo como de las dehesas en las que vive. No es difícil especular con lo que ocurriría después: una catástrofe ecológica. Pero adivinamos que el ecosistema del toro va más allá de la dehesa. Su hábitat se extiende por nuestra geografía, generando numerosas interrelaciones a su alrededor, conformándose como elemento nuclear de nuestra cultura. Incluye a los ganaderos que han construido un acervo de usos y técnicas en el manejo del ganado. Pero también a los artesanos de capotes y trajes, necesarios Vertebra para que, cuando el toro la vida de comparezca en una plaza, miles de peñas pueda desplegarse toda que celebran la una fastuosa coreografía tauromaquia de belleza. El toro, como elemento más popular con el que el torero forja un arte universal y seña de identidad de nuestra cultura, el arte de torear, es elemento vital esencial para terráneo y que unen en celebración a miles de personas que asisten a esta gentes de toda España. Pueblos de tecreación efímera. Un arte que, además, rritorios que la política enfrenta y el es potencia inspiradora insustituible toro une con una cuerda. El toro verde otras muchas obras de arte, en to- tebra la vida de miles de peñas que cedas las disciplinas. lebran la tauromaquia más popular, la Del toro depende también el ecosis- que se organiza por el pueblo y se vive tema de localidades que mantienen en la calle. Gente cuya convivencia se fervorosamente un patrimonio mile- articula el año entero alrededor del nario que une al animal con los hom- toro. bres y a los hombres entre ellos, por El toro también sujeta un ecosistemedio de una cuerda, una soga, una ma de decenas de miles de personas maroma. Exquisita reliquia que se pre- que se congregan con él como única serva desde los comienzos de la civi- excusa, conformando una manera de lización, ritos nupciales y de fecundi- entender la vida. Personas que, sin este dad, presentes en todo el arco medi- nexo, nunca se hubieran comunicado. D Me bajo del caballo mientras admiro y sufro unos amaneceres luminosos y tibios. Pero este sol no es otra cosa que días de pan que estamos perdiendo y de tormenta que nos aguardan. El campo necesita lluvia, necesita frío, necesita hielo. Menos playas abiertas y más chimeneas encendidas. Porque este agua y este frío que no llegan arribarán cuando menos los necesitemos... Este mundo está loco, como locos están todos aquellos que quieren privarlo de cordura y tradición. A ver si marzo entona las mentes, las cabezas y los corazones. Más olés y menos okeys Bienvenido marzo. Hablarán de toreros. Hazañas de arte rememoradas una y otra vez, cantares de gesta en prosa, narrados de tertulia en tertulia. Hablarán de toros, venerados por su comportamiento, su memoria honrada por años. Lo harán en restaurantes con paredes cuajadas de cuadros, de fotografías, de recuerdos, de tradición cuidadosamente trasladada. ¿Con qué sustituiremos todo esto si un día llegara a triunfar la moral pública animalista? ¿Qué vendría a sustituir nuestra expresión artística más reconocida en el mundo? ¿Con qué sustituiríamos esas celebracio- nes, esos ritos, esa hermandad de gentes si acabamos con el toro? ¿Qué vendría a sustituir esta pasión compartida por reunirse para hablar de toros? ¿Con qué se supone que habría que sustituir sus motivaciones vitales si se les arrancara el toro del centro de su existencia? Con la nada. Nada vendría detrás. La nada es lo que ofrecen estos movimientos aplanadores, estos mesías de un mundo homogéneo y gris. La vulgaridad de un mundo en el que no tenga cabida lo diferente lo extremo, donde la muerte y el sufrimiento queden escondidos para siempre. La nada nos traería una sociedad con menos lazos comunes, con menos motivos para celebrar como pueblo que se reconoce en pasiones compartidas. Quizás la persecución que sufre la cultura del toro en este comienzo del siglo XXI sea uno de los casos más escandalosos de intento de exterminio cultural que han visto los tiempos. El ecosistema del toro es la identidad de un pueblo, algo que debe evolucionar de una manera natural, no se toca, no se modifica desde la imposición. El ecosistema del toro es un termómetro de nuestra sociedad, su presencia nos hace mejores, nos hace libres. BORJA CARDELÚS ES DIRECTOR GENERAL DE LA FUNDACIÓN DEL TORO DE LIDIA