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72 ABCdelOCIO VIERNES, 1 DE MARZO DE 2019 abc. es ABC E n escena Goizalde Núñez y Ángela Cremonte son sus actrices Mi niña, niña mía Memoria de luciérnagas Natalia Menéndez dirige la obra escrita por Itziar Pascual y Amaranta Osorio JULIO BRAVO D os Europas separadas por más de medio siglo se unen en Mi niña, niña mía la obra de Itziar Pascual y Amaranta Osorio que se estrena el próximo miércoles en la Sala Margarita Xirgu. Y se unen a través de dos mujeres, una actriz judía que hace teatro con los niños en el campo de concentración de Terezin y una entomóloga que estudia las luciérnagas, y que descubre de forma tardía que es una superviviente del Holocausto Son, dicen las autoras, dos luciérnagas que brillan en la oscuridad; dos mujeres que brillan a pesar de todo Ángela Cremonte y Goizalde Núñez son las dos intérpretes de Mi niña, niña mía una función que dirige Na- talia Menéndez en lo que califica de un trabajo lleno de detalles Para ello ha contado con la colaboración de Luis Miguel Cobo (música) Álvaro Luna (videoescena) Elisa Sanz (escenografía y vestuario) y Juanjo Llorens (iluminación) Confiesa la directora que cuando leyó el texto se sintió muy tocada por él. Mi abuelo estuvo en un campo de concentración; él me enseñó la dignidad La memoria es necesaria, continúa, especialmente ahora, cuando los movimientos neonazis están creciendo en Europa Y precisamente la memoria que tratan las autoras de mantener viva es lo que la ha llevado a la programación del Teatro Español, ya que es el leitmotiv de la temporada, según Carme Portaceli, su directora. El horror nos sacude porque se refiere a lo que hoy está pasando explica Natalia Menéndez porque sentimos que debemos ayudar, hacer algo, provocar la luz ante tanta oscuridad. Vemos imágenes de niños asustados, desorientados, hambrientos, con humo en la boca, sin zapatos, flotando en los mares, hacinados en trenes, huyendo en caminos, sin nada... Y no sabemos qué hacer A pesar de la terribilidad de la historia, tanto las autoras como la directora aseguran que Mi niña, niña mía es una función luminosa; con luz y esperanza Y en esa luz juegan un papel simbólico las luciérnagas, insectos que brillan por sí mismos, y que precisan de un ambiente limpio para subsistir. A la actriz el teatro le salvó la vida, como a mí dice Natalia Menéndez y me la salva porque abre ventanas, puertas. Cuando vi que una de las protagonistas era una entomóloga, no conocía su mundo, y me he encontrado con un universo fascinante Historia de mujeres contada por mujeres, Mi niña, niña mía no solo habla del horror de los campos de concentración y sus luciérnagas También habla de cómo los seres humanos tratamos a los más pequeños, a los más débiles. Habla de saber mirar y escuchar. De lo que se ha silenciado. Y habla también de que la actitud transforma concluye la directora. Mi niña, niña mía Madrid. Teatro Español. Del 6 de marzo al 7 de abril. De martes a sábado, 20,30 horas. Domingo, 19,30 horas Los soliloquios del capitán el centro de esta obra de tal manera, que lo devora todo. Su gestualidad, su voz, sus movimientos, su forma de dramatizar el tiempo escénico tienen la fuerza, la pasión de los grandes animales dramáticos. En el mar de palabras de Melville, Pou sabe ser convincente en su obsesión, en su fijeza y en su autoinmolación. Aquí está la tragedia del capitán Ahab, de ese viejo lobo marino que sueña con vencer al peor monstruo nacido de los océanos y que solo conseguirá sucumbir al oleaje siniestro de su locura. Tragedia sobre la autodestrucción, Pou interpreta no una travesía física, geográfica, sino una travesía interior donde todos los océanos y todos los monstruos no sólo nadan en las aguas sino que forman parte del delirio del yo. Moby Dick es ese delirio, la expresión de ese infierno interior, esa mente insaciable, esa tempestad de soberbia, egolatría, venganza y sueño que necesita vencer a ese Levia- DIEGO DONCEL MOBY DICK Texto: Herman Melville. Adaptación: Juan Cavestany. Dirección: Andrés Lima. Escenografía y vestuario: Beatriz San Juan. Iluminación: Valentín Álvarez. Música original y espacio sonoro: Jaume Manresa. Videocreación: Miquel Àngel Raió. Intérpretes: José María Pou, Jacob Torres y Oscar Kapoya. Teatro de La Latina. Madrid P ara quienes hayan ido, o vayan a ir, al Teatro de La Latina, Moby Dick ya no es esa ballena blanca llena de arpones, feroz y esquiva, Moby Dick es José María Pou. Y es así porque Pou llega a ser tán de los mares para continuar viviendo. El principal enemigo del capitán Ahab es el propio capitán Ahab. De la misma manera que lo que vemos sobre las tablas nos es a Ahab contra Moby Dick, sino a Pou mostrándose a sí mismo. El montaje de Andrés Lima y la adaptación realizada por Juan Cavestany van en este sentido. Un texto estático donde la fuerza argumental se desplaza de la acción a los continuos soliloquios. Un texto obsesivo que se proyecta hacia la dimensión interpretativa de Pou. Por eso hubiera necesitado de un dinamismo mayor, y por eso se agradece, por ejemplo, la aparición del capitán del Raquel pidiendo ayuda para buscar a su hijo porque rompe el bucle en que se desarrolla la obra. Más allá de la portentosa fuerza dramática de Ahab, Starbuck o Ismael interpretados con solvencia por Jacob Torres aportan un contrapunto a la irracionalidad, así como el Pip de Oskar Kapoya está lastrado por esos movimientos de indígena animalizado. La escenografía ideada por Beatriz San Juan posee ese sesgo fantasmal, onírico, de frontera entre dos mundos: la cubierta del Pequod, las escaleras a la cofa del palo mayor, el sillón del capitán, las imágenes del océano como una amenaza y como una condena. Todo ello envuelto en esa atmósfera asfixiante, épica y casi mística creada por la iluminación y el espacio sonoro con ese coro de voces absolutamente magistral que subrayan cada pálpito, cada desmesura. Desde el escenario, Pou lanza su arpón al corazón de los espectadores, el arpón de la mente oscura de Ahab. DAVID RUANO