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ABC LUNES, 31 DE DICIEMBRE DE 2018 abc. es cultura CULTURA 47 JAVIER DEL REAL zismo, todas estas corrientes dictatoriales y opresoras dieron lugar a una nueva expresión del arte, que es el expresionismo. Cuando aparecen las dictaduras el arte se muere: el artista se siente prisionero y no produce nada bello. -Sin embargo, en tiempos de totalitarismos el arte se las ingenia para brotar por otra parte. -Cierto. Pero son artes como la poesía, el teatro, la pintura. Los poetas necesitan de los dictadores para expresarse, no lo hacen igual cuando las cosas van bien. Lo mismo les ocurre a los pintores. Se manifiestan muy bien en tiempos de guerra, de desastre. Pero el músico no; él necesita estar bien para expresarse. En el sinfonismo no ocurre de forma tan clara, pero en la ópera sí. La ópera necesita de luces, de bienestar, porque precisa de una puesta en escena, y para ella hace falta dinero para los trajes, los decorados, la orquesta, los cantantes... En las dictaduras, el régimen se apropia de los compositores, y estos solo escribirán propaganda. Música para el partido. -Hace ya casi cien años de eso... ¿Es posible recuperar ese tipo de gran ópera o la música ha derivado hacia otros caminos? -Yo hice un experimento en San Francisco: le encargué a Marco Tutino, un compositor italiano, una ópera sobre la obra de Moravia La ciociara la tituló Two women Pero le dije que se tenía que olvidar de que habían existido Schöngerg, Webern y Dallapiccola; que imaginara que Puccini había muerto, la Segunda Escuela de Viena no había llegado y él se encontraba inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial. No sé cómo hacerlo me dijo. Prueba le contesté. Escribió una ópera pospucciniana, que tuvo un enorme éxito cuando la presentamos en San Francisco. Las cinco representaciones fueron un triunfo, con el público gritando. Creo que un pasito hacia atrás en el mundo de la ópera para recrear una nueva historia no vendría mal, porque hacia adelante no se puede ir. ¿Qué habría que recuperar? ¿La melodía, el canto? -Para la ópera son fundamentales. A mí me gustan mucho Alban Berg o Arnold Schoenberg, pero pertenecen a una época que ya pasó. Era la época de las grandes guerras, de Hitler, Mussolini, Franco, Stalin. En todo el mundo se tendía a oprimir a la gente. Eso terminó, y esperemos que no vuelva. Ahora hay espacio para crear historias nuevas, historias de nuestros días: de los países árabes, de la inmigración... Tantas que pueden interesar a la gente de hoy. ¡Contémoslas! Y con música que pueda ser escuchada y apreciada, y que la gente pueda volver en el teatro a gritar ¡bravo! por la música. -La música contemporánea nunca ha terminado de conectar con el público... -No. El problema es que todos quieren hacer algo nuevo, que no se haya escuchado antes. Y eso no es posible. Debemos decidir si escribimos para el ser humano o para una inteligencia artificial; esta existirá, pero todavía no existe. Y Totalitarismos y arte Los poetas necesitan de los dictadores para expresarse, pero los músicos precisan bienestar Escena y foso La ópera es teatro, pero el espectáculo está en manos del director de orquesta, para bien o para mal Música contemporánea Los compositores deben decidir si escriben para el ser humano o para una inteligencia artificial hay compositores que están escribiendo para una máquina que llegará dentro de cien años. Pero por ahora la música debe emocionar a los seres humanos. ¿Tiene sentido la música sin emoción? -Yo adoro a compositores como Stravinski o Berg. Pero en este momento deberíamos hacer algo distinto a esto se vuelve hacia el piano y toca varias notas de manera desordenada y atonal, que simultanea con golpes en la madera durante tres horas. Es demasiado regresa al teclado y toca una delicada melodía de Mozart ¡Esto es absolutamente necesario! Nos hace bien. Creo que hay espacio para la emoción en la música. No digo que sea fácil crear un nuevo estilo que siga estas reglas; cuando Verdi escribía todo el mundo decía que imitaba a Donizetti. -Muchas veces los nuevos estilos se crean sin pretenderlo; son los genios quienes lo hacen de manera natural. -Totalmente de acuerdo. Todo se parece a algo; nosotros nos parecemos, tenemos dos ojos, una nariz, una boca... Pero somos diferentes. La diversidad no significa ser completamente opuestos. Una música siempre se parece a otra música. -Usted trabaja mucho en Estados Unidos. ¿Se diferencia mucho de Europa? -La música es un lenguaje universal. Puede haber diferencias en el modo de acercarse a ella, en la actitud... Pero la música es siempre una. Es la voz de Dios. Y no se puede cambiar la voz de Dios, del universo. Si llegamos a un planeta a millones de años luz, allí llegará la música. La Novena de Beethoven o el Requiem de Verdi provocarían la misma reacción de asombro en cualquiera. -Volvamos a la ópera. Hubo un tiempo de dominio de los cantantes, otro de dominio de los directores musicales, un tercero de los directores de escena... ¿Vivimos ahora en la época del espectáculo total? -Sí, me gusta el término. Hay mucha colaboración entre el foso y la escena; la ha habido con Bob Wilson en Turandot -La ópera no deja de ser teatro. -Debe serlo. Pero está claro que el espectáculo está en manos del director de orquesta. Para bien o para mal. De él depende que funcione para la orquesta, para los cantantes, para el público... El director de orquesta ha de coordinar todo. No dirige la música, dirige el espectáculo. Además, en la partitura está escrito todo. ¿Se encuentra más a gusto en la ópera o en la música sinfónica? -Me da igual. La música sinfónica me habla de otra manera. No hay texto, y debo encontrar en las notas lo que el compositor quiso decir... Porque siempre dice alguna cosa se vuelve nuevamente hacia el piano No es lo mismo esto toca con vehemencia las primeras notas de la Quinta sinfonía de Beethoven que esto e interpreta con delicadeza el comienzo del Himno a la alegría de la Novena sinfonía Seguro que Beethoven quiso decir cosas diferentes. Todos los compositores lo hicieron en sus obras. Y no siempre hace falta que emocionen. La música puede ser fría, pero contar cosas. Mahler contó su vida a través de sus sinfonías. Beethoven expresó sus sentimientos sin palabras. ¿Un director encuentra todo en la partitura o debe investigar en la biografía de los autores? -Es importantísimo conocer a los autores, su época. Todo su entorno, sus influencias, sus gustos. La partitura es una máquina del tiempo. La abrimos y viajamos desde 2018 al momento de su composición. Mire y, una vez más, levanta la tapa del piano y toca las enérgicas notas que abren Turandot ¡Ya estamos en 1926! En un instante. Más ejemplos en esta ocasión acaricia en el teclado una melodía de Bach Estamos en 1600 y, al dejar de tocar, volvemos en un instante a 2018. La música es un misterio, es la única máquina del tiempo que tenemos. Cuando suenan estas notas toca el frágil preludio de La traviata estamos con Violetta, y nuestra vida se anula. La música es invisible, no se puede tocar. Dios es invisible, tampoco se puede tocar. La música es la voz de Dios.