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12 OPINIÓN VIDAS EJEMPLARES PUEBLA LUNES, 24 DE DICIEMBRE DE 2018 abc. es opinion ABC LUIS VENTOSO FIABILIDAD CERO ¿Dejaría usted su seguridad en manos del alegre populismo? T AL y como advierte el seco, sabio y veterano Clint Eastwood en una de sus películas, en el mundo real hay lobos y ovejas, y las ovejas necesitan pastores que las protejan de los lobos. El aeropuerto londinense de Gatwick ha estado dos días cerrado porque se cree que alguien todavía no se sabe quién hizo volar un dron, o varios, en la ruta de despegue y aterrizaje de los aviones. La incidencia dejó en tierra a 140.000 viajeros a las puertas de la Navidad. No es un caso totalmente nuevo. En otros aeropuertos europeos se han dado situaciones de riesgo, con artefactos dirigidos a control remoto que han pasado muy cerca del fuselaje de algún avión y que podrían haber provocado un gravísimo accidente. Las Fuerzas de Seguridad británicas ya estudian la instalación de un sistema de defensa de patente israelí que interrumpe la conexión entre el dron y su operador. No hay que ser ningún experto en lucha antiterrorista para llegar a una conclusión evidente: en manos de terroristas, los drones pueden constituir un arma temible. E intentarán utilizarlos, porque son relativamente baratos y porque a día de hoy las inmediaciones de algunos aeropuertos distan de estar bien protegidas. Hay lobos, y si no queremos sufrir atentados de una escala nueva y terrible harán falta pastores. El ataque en Estrasburgo de un tirador que juró fidelidad a Daesh nos ha recordado de forma dramática que su amenaza sigue viva (y más cuando Trump se va a retirar sin haber acabado de erradicar la milicia yihadista) The Sunday Times publicó ayer un reportaje de investigación advirtiendo que Al Qaida tampoco duerme, que tras el repliegue por la muerte de Bin Laden se está reorganizando para retomar los atentados de eco planetario. Pero la batalla por nuestra seguridad no solo se libra en el mundo físico. Internet es tan real como vida y ahí se suceden los robos de datos, los jaqueos, los cíber- robos... Y no se trata tan solo de criminales particulares. China y Rusia son muy activas contra los intereses occidentales en este frente virtual. La injerencia rusa llegó hasta las propias elecciones estadounidenses. El Departamento de Justicia de EE. UU. acaba de acusar a piratas chinos de ataques contra la Nasa, la Marina norteamericana y numerosas empresas. La UE también ha sufrido penetraciones reiteradas en sus redes y está todavía muy mal protegida. Pues bien, de todos estos riesgos reales, que pueden poner en jaque en cualquier momento nuestras vidas, jamás escucharán hablar a tardo adolescentes como Iglesias, a su mujer y número dos, Irene Montero; Garzón, Tardà, Rufián, los plomos nacionalistas de guardia y los abajo firmantes. Por su parte, los cerebros ministeriales de Sánchez están más preocupados por la terrible amenaza que suponen las corridas de toros, la caza y los restos de Franco. ¿Dejaría usted la seguridad de su familia en manos de Iglesias e Irene Montero? ¿Encargaría la defensa de España en el ciberespacio a Albertito Garzón? Ayer el Departamento de Estado de EE. UU. advirtió sobre riesgo de atentado en las Ramblas estas navidades. ¿Alguien en su sano juicio encargaría el dispositivo antiterrorista a un tipo del perfil de Torra? EL ÁNGULO OSCURO JUAN MANUEL DE PRADA NAVIDAD ANIMALISTA La perfección civilizatoria se alcanza mediante la fusión de Dios con el hombre a través de la Encarnación EO que en Barcelona se ha celebrado una feroz manifestación, con destrozos vandálicos y cargas policiales, en la que se protestaba por la muerte asesinato según la jerga de los manifestantes) de una perra llamada Sota, compañera fiel de un mendigo que duerme a la intemperie en las calles de Barcelona, al parecer abatida por el disparo de un guardia urbano. Esta historia de la perra Sota, deificada por los animalistas que le dedican el amor que jamás le dedicaron a su dueño mendigo, nos permite hacer una reflexión sobre la Navidad. Alberto Savinio escribe en su Nueva Enciclopedia que Grecia y Egipto se distinguen por la naturaleza de sus dioses: Egipto se rinde a las fuerzas oscuras de la naturaleza, imaginando un panteón que es en realidad un zoológico amedrentador, poblado por perros, cocodrilos y chacales; Grecia, por el contrario, se rebela contra esas fuerzas oscuras, imaginando un Olimpo de dioses antropomorfos. Hay, en efecto, un paganismo sombrío que se rinde a las pulsiones animales y convierte en dioses a las bestias a las que no se puede rezar sino tan sólo apaciguar mediante sacrificios humanos; y hay un paganismo luminoso que imagina dioses humanizados, a veces furibundos y asaltacamas, a veces dulces y compasivos, a los que los hombres pueden encomendarse, en L un esfuerzo común por vencer las fuerzas oscuras de la naturaleza. Del paganismo de Egipto al paganismo de Grecia hay un progreso civilizatorio que dará su salto definitivo con la Navidad. La mitología humanizada de los griegos, que se sublevaba contra la mitología animalesca de los egipcios, era en realidad una búsqueda; y esa búsqueda se concluye, al fin, cuando los pastores que se habían adentrado en el bosque buscando al dios Pan se encontraron con un Niño que gimoteaba en el interior de una cueva. La mitología de los griegos seguramente contuviese muchos errores; pero, como nos recuerda Chesterton, no se había equivocado al ser tan carnal como la Encarnación. Los griegos habían entendido que las fuerzas oscuras de la naturaleza sólo podían ser vencidas si los dioses se humanizaban; pero no habían conseguido que sus dioses bajasen del Olimpo, salvo para desvirgar doncellas. En cambio, con el Niño que encontraron los pastores en una cueva, el cielo al fin bajaba a la tierra; incluso se metía dentro de la tierra (pues el Niño había nacido en una cueva) dispuesto a batallar y vencer a las fuerzas oscuras que allí dentro anidaban. Si la perfección civilizatoria se alcanza mediante la fusión de Dios con el hombre a través de la Encarnación, la vuelta a la barbarie se alcanza mediante la confusión entre el hombre y el animal. El animalismo, bajo su disfraz de refinamiento civilizatorio, esconde el fin de la civilización. Es la vuelta al panteón egipcio, poblado de dioses oscuros a los que no se puede rezar, sino tan sólo apaciguar con sacrificios humanos. Pues, tras el ideal de tratar a los animales como si fuesen hombres, se esconde el anhelo de tratar a los hombres como si fuesen animales. Nos lo enseña Joseph Roth en La cripta de los capuchinos: Los hombres que aman demasiado a los animales emplean en ellos una parte del amor que debieran dar a los seres humanos; y me di cuenta de lo justa que era esta apreciación cuando comprobé casualmente que los alemanes del Tercer Reich amaban a los perros lobos, a los pastores alemanes. ¡Pobres ovejas! me dije