Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC LUNES, 24 DE DICIEMBRE DE 2018 abc. es opinion LA TERCERA 3 F U N DA D O E N 1 9 0 3 P O R D O N T O R C UAT O LU C A D E T E NA UNA DULCE Y MILENARIA TRADICIÓN POR LUIS DEL VAL Con el paso de los años, con el sosiego que produce contemplar los acontecimientos sin compromiso, llegas a la conclusión de que puede que no haya ningún otro aniversario, en las sociedades occidentales, tan compartido como la Navidad los motivos. Además, la magia de unos seres fantásticos, con capacidad para atender las peticiones de regalos, constituye uno de esos momentos biográficos, que puede que creamos que se borran, pero que son aquellos en los que la ilusión ha sido más intensa, más convincente y más pura. Tan pura, que jamás ningún niño se cuestionó por qué esos seres mágicos y poderosos dejaban regalos de mayor valor a los hijos de los ricos que a los hijos de familias más modestas. Y, por fin, esta noche, cobran un mayor relieve los ausentes. Si la vida es una sucesión de bienvenidas y adioses, en la Nochebuena de cada año hay un homenaje a los que se sentaron en años anteriores y este año no acuden a la cena por motivos que no constituyen ninguna excusa. Y, cuanto más reciente ha sido el parte de baja, más intenso, más vivo es el recuerdo, de tal manera que el misterio del tiempo a la manera hindú nos muestra nuestra fragilidad y nuestro afecto sin egoísmos, y que permite a los ausentes estar algunos minutos con nosotros. Esa añoranza pellizca en los adentros, y te ayuda a sintetizar en unos segundos imágenes y situaciones, sonidos y palabras, que son un homenaje a quienes nos acompañaron a lo largo de la vida, porque la Navidad posee un matiz melodramático y los pobres son más poSARA ROJO bres y los muertos están algo menos solos de lo que comprobó Bécquer en su poema. Y sería terrible que esta melancolía fuera demaen la calle, en una especie de ronda colectiva siado prolongada, algo que ni los ausentes aprohasta que cada uno llega a su casa; o las navida- barían. Así que, además de esos homenajes imdes de Viena, donde las mujeres, calzadas con plícitos a los que no están, hay otro pellizco cómodos zapatos para andar sobre la nieve, lle- reconfortante construido con miles de experienvan una bolsa en cuyo interior hay unos zapa- cias y que cimentan eso que llamamos el impaltos elegantes con tacón de aguja para cambiar- pable espíritu de la Navidad, y que te asalta dense si hay que ir a la ópera, al baile o a una cena; tro de unos grandes almacenes, en la calle al cony recuerdo también las navidades de mi infan- templar a una escena que asocias con otras, o cia en Zaragoza, en una casa de vecinos, donde dentro de nuestra casa, en una sonrisa cómplihe visto que las botellas de anís La Castellana ce, en un abrazo más fuerte que de costumbre, servían de instrumento de percusión para acom- en el asalto de unas viejas notas musicales. pañar a los villancicos que se cantaban en la escalera. Y me viene a la memoria un año, en el i existe algo que nos identifica a las soque en compañía de mis hijos y sus parejas quiciedades cristianas, a uno y otro lado del simos evadirnos de la tradición y nos fuimos a Atlántico, es la Navidad, sin fisuras, sin Egipto. Y nuestra sorpresa, cuando al subir al distancias y sin matices. Los invernales barco que nos iba a llevar por el Nilo, en el dis- gorros de Papá Noel que podemos ver en Argentribuidor que conducía a los camarotes, nos en- tina en pleno verano, o las postales de portales contramos con un nacimiento cristiano al que y belenes con paisajes nevados, contemplados no le faltaba ningún detalle. ¡Solsticio de invier- en cualquier país del Caribe, son muestras de no! ¡Je, je! esta seña de identidad que salta por encima de Y, luego, pasada la madurez, descubres que temperaturas, lenguas, fronteras, mares y reliesta es una fiesta en la que el mayor protagonis- giones. Por eso no es nada extraño que uno de mo lo adquieren los niños y los ausentes. He ob- estos días te encuentres con uno de esos veciservado que los niños y los perros son los seres nos de los que incluso desconoces su nombre y, vivos que perciben con más agilidad la alegría con un afecto inusitado, te desee felices fiestas. colectiva, y que no les cuesta nada sumarse a O te sorprendas a ti mismo diciendo algo que te ella con entusiasmo. Puede que el niño todavía hurtaste a ti mismo algunos años, y que son dos no haya roto a hablar, pero posee una despierta palabras tan grandes como sencillas: Feliz Naintuición para asumir que esas personas de ma- vidad. yor tamaño están contentas, y se suma con fervor a la mayoría sin que le tengan que explicar LUIS DEL VAL ES ESCRITOR Y A he confesado en más de una ocasión que, pasada la adolescencia y durante algunos años, formé parte de la cofradía disgustada con la Navidad. Y existen argumentos, claro. El primero de ellos es que, tras el calendario egipcio, vino el romano, que fue reformado por el juliano, y, tras éste, los estados católicos adoptaron la reforma del Papa Gregorio XIII, porque en el siglo XVI no acatar las órdenes de un Papa estaba muy mal visto. Quiere esto decir que puede que Jesús naciera el 24 de diciembre de hace 2018 años, pero que tampoco resultaría descabellado que hubiese venido a este planeta unas semanas antes o unas semanas después. Luego, estaba el argumentario de la paradoja, es decir, conmemorar la llegada del hijo de Dios, en el seno de una familia tan modesta que su madre tuvo que parir en un establo, con una exhibición de gastos, lujos y regalos que no tienen mucho que ver con el sentido más real y profundo de la efemérides. Y, al fondo, esa soberbia juvenil de creer que el progreso no consiste en avanzar en los misterios de la desintegración del átomo, o en la incómoda y persistente labor de extender la libertad y la justicia con el esfuerzo personal, sino en desacreditar las liturgias tradicionales, como si desterrar los birretes del claustro universitario, no afeitarse o acudir a cualquier acto con atuendo diferente al establecido por la costumbre supusiera un gran avance para la Humanidad. Estos infantilismos persisten y no hay año en el que, procedente de alguna concejalía o consejería autonómica, a cuyo frente está un progre de guardia, no recibas en estas fechas una felicitación por el solsticio de invierno. Naturalmente no te aclaran si se trata de la fiesta romana, de la iraní, de la japonesa o de la del cono sur, donde el solsticio queda más bien en junio, entre el 21 y la noche de San Juan. El encuentro con esta cursilada me produce una mezcla de languidez y de lástima, porque fui cómplice de estas tonterías contemporáneas en años muy jóvenes, pero veo que hay muchas personas camino de los cincuenta que siguen apoyando esta cómoda y ridícula vía para creerse que trabajan por el progreso de la sociedad. Con el paso de los años, con el sosiego que produce contemplar los acontecimientos sin compromiso, llegas a la conclusión de que puede que no haya ningún otro aniversario, en las sociedades occidentales, tan compartido como la Navidad. Recuerdo navidades pasadas en Nueva York, donde parecen creer que Belén estaba en la Quinta Avenida; o en Noya, una localidad coruñesa en la que la gente canta en los bares y S