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ABC DOMINGO, 23 DE DICIEMBRE DE 2018 abc. es cultura CULTURA 65 Entre milicianos y requetés La tregua de Navidad de 1936 en el monte Kalamua Así se la relató al escritor Pablo LaAquel día nadie quería disparar sus rraz: Resultó que nuestro capitán, armas en el monte Kalamua. Era No- Ureta, que estaba más loco que una chebuena y la nostalgia se había apo- cabra, era muy amigo del capitán derado de los milicianos apostados que estaba en el otro lado, de apeen su avanzadilla y de los requetés llido Centeno, ya que los dos habían que mantenían sus posiciones a ape- estado en la misma academia. Esnas unos metros. En este escenario tando de posición en Kalamua emvasco de la Guerra Civil se libraron pezaron a hablarse: Centeno, oye, cruentos combates, pero el 24 de di- ¿qué tal si hacemos una cosa en esta ciembre de 1936 se vitarde? Mira, vamos a vió una insólita esceproponer a los chicos Capitanes na. A la mitad justa sentarse en el parapeLos capitanes de los parapetos se ento, y yo respondo de Ureta y Centeno, que los míos no van a cuentran los dos grucompañeros pos. Milicianos y retirar un tiro, y hacede Academia, quetés se dan la mano mos intercambio de y como si cambiaran hicieron posible prensa El de los roramos de flores en un jos aceptó, así que Ureel milagro torneo deportivo se ta nos mandó: Todos han cruzado los perióen el parapeto Y ellos dicos. De los parapetos se vigilaba hicieron lo mismo. Ahora que salesta operación con emoción y cu- gan a mitad del camino cinco voriosidad. Solamente en este inten- luntarios de cada lado y salieron so momento se ha dejado oír el ra A mí aquello no me parecía lentí de mi Kodak que traslada al bien, era un disparate, media hora celuloide una escena que hubieran después podíamos estar matándoenvidiado los más sagaces produc- nos confesó Leyún, que le dijo a tores americanos escribió el socia- su capitán: ¿No sería mejor que lista pamplonés José Goñi en el se- dejásemos esto y nos marcháramos manario La lucha de clases todos? Y me contestó: Pues sí, seEl requeté navarro Salvador ría mejor... pero es que estamos en Leyún fue testigo del intercambio. guerra M. ARRIZABALAGA MADRID Sigüenza Varios requetés regresan de permiso a PamplonaSEBASTIÁN TABERNA rros en improvisados cementerios de campaña o la vida en la retaguardia. Es una visión de la guerra muy humana y real desde el interior de este microcosmos de la Guerra Civil subraya Pablo Larraz, que destaca de entre estos fotógrafos a Sebastián Taberna por su especial sensibilidad y su técnica vanguardista, capaz de hacer una foto de gran calidad metiéndose en acción y además auténtica, sin montajes ni escenificaciones dos de manos y codos y algunos heridos, la fotografía los trata con respeto. El mismo que se aprecia en las escasas fotos de muertos en combate. Impresiona particularmente una de ellas, de un combatiente republicano con los ojos abiertos y una naranja junto a su mano, que posiblemente se disponía a comer cuando cayó víctima de la artillería y que estremeció sobremanera a Sebastián Taberna según ha podido saber Larraz. Fue María Eugenia, una hija de Autenticidad Toma de Sigüenza se puso en Su sensibilidad y Taberna quienel escritor Podría considerársele contacto con su técnica capaz tras la publicación de Reun Capa del bando naciode hacer una foto quetés. De las trincheras nal, con algunas imágede gran calidad nes realmente excepcioal olvido (Esfera de los nales asegura aludienlibros, 2010) que también metiéndose en do al mítico fotógrafo firmaba junto a Sierra- Seacción y sin Robert Capa mientras sesúmaga. Así fue como Lamontajes ñala el reportaje que rearraz descubrió el valioso Sebastián Taberna lizó desde dentro de la archivo que este hombre, toma de Sigüenza, en el que recogió tan- con gran sensibilidad e interés artísSebastián Taberna realizó más de to la preparación y el desarrollo de los tico, y de formación autodidacta concinco mil instantáneas durante la combates como el asalto a la catedral servó en perfecto orden y estado de conen octubre de 1936. Taberna fue el pri- servación con el sentido histórico de Guerra Civil. Alistado con los requetés en Pamplona el 19 de julio de 1936, mer fotógrafo en entrar en el templo que eso algún día debía ver la luz tras la batalla y en tomar imágenes de Amigo de Nicolás Ardanaz, con quien documentó varios frentes y su legado los daños provocados por los impactos coincidió en algunos momentos de la ha permanecido inédito hasta hoy. A la gran calidad de sus fotografías de artillería. guerra, compartió escenas y retratos suma sensibilidad para dar En una de estas imágenes, unos pri- con él, aunque sus estilos fueron muy protagonismo al lado humano de la sioneros republicanos aguardan tras diferentes. Ardanaz más pausado y escontienda. Es uno de los grandes. la batalla a ser conducidos a Soria. Ata- tético, Taberna más espontáneo y experimental, con un especial interés hacia la vertiente humana de la guerra. Es muy inusual y extraordinario, además, cómo Taberna revela las imágenes en el mismo campo de batalla, en estudios improvisados relata el autor de La cámara en el macuto Como conductor de un camión para labores de enlace e intendencia podía obtener material fotográfico en sus frecuentes desplazamientos y transportar en el vehículo todo lo necesario para el revelado de las imágenes. Llegó a revelar fotos en la parte trasera del camión, creando la con una lona el cuarto oscuro anota Larraz. Uno de los grandes Su intención le llevaría a valerse de su Leica para captar momentos históricos que sabía llegarían a tener trascendencia, y también recoger el lado más humano de la tragedia resumen los autores del libro antes de destacar que actuó casi siempre por libre sin medios oficiales a los que enviar sus imágenes, ni más pretensión que la de dejar constancia de los sucesos excepcionales de los que estaba siendo testigo y, a la vez, protagonista Ochenta años después, Larraz y Sierra- Sesúmaga afirman sin rubor que sin duda nos encontramos ante uno de los grandes fotógrafos de la guerra de España