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64 CULTURA DOMINGO, 23 DE DICIEMBRE DE 2018 abc. es cultura ABC Ventisca en Somosierra Requetés en pico del Nevero, a 2.210 metros, el 8 de febrero de 1937 SEBASTIÁN TABERNA Sebastián Taberna luchó con los requetés en el frente nacional y tomó más de 5.500 imágenes hasta ahora inéditas que el libro La cámara en el macuto recupera gudaris (soldados nacionalistas vascos) que se entregaron a las fuerzas italianas, concentrados en la playa de Santoña en agosto de 1937. Una visión humana y real La cámara en el macuto recorre los frentes de Somosierra y Navafría, el avance de las columnas sublevadas hacia San Sebastián, las precarias posiciones de los requetés en el frente de Álava, la toma de Sigüenza, la ofensiva de Vizcaya o la batalla del frío en Teruel. El objetivo de estos voluntarios fotógrafos se fija en los parapetos, las marchas y morterazos y en las misas de campaña, pero también en los vecinos de las localidades próximas a los frentes que intentaban seguir con sus vidas durante ese tiempo de obligada convivencia con las tropas, en aquellos momentos en los que los soldados olvidaban estar en guerra y trataban de divertirse jugando una partida de mus o tocando el acordeón, en la ansiedad con la que leían las noticias que llegaban, o en los ratos en los que la nostalgia de casa se apoderaba de ellos y escribían a sus familias sobre una caja de tabaco o de leche. Inmortalizan a los tipos más curiosos del lugar y retratan además la otra cara de la guerra, mostrando el dolor de los heridos y los cuidados que recibían, los sobrios entie- El otro Capa de la Guerra Civil MÓNICA ARRIZABALAGA MADRID l 19 de julio de 1936, el mismo día que cumplía los 29 años de edad, Sebastián Taberna realizó su primer reportaje de guerra con un puñado de fotografías que, muy posiblemente sean las primeras tomadas en Pamplona de la sublevación. Eran las siete de la mañana y en la céntrica plaza del Castillo se reunía la primera formación de voluntarios carlistas que partirían al frente, convencidos de que la Guerra Civil recién desatada se resolvería en unos pocos compases y estarían de regreso para la siega Taberna recogió con su Leica aquellos momentos de nerviosismo y espera antes de encaminarse él también hacia los cuarteles para alistarse y salir camino de Madrid. Desde aquel E día de su cumpleaños al término de la contienda, este pamplonés tomó más de 5.500 fotografías de los combates y del día a día de los soldados en el frente. Nunca vieron la luz. A su regreso, guardó cuidadosamente sus decenas de rollos de negativos y varios cientos de positivos en cinco cajas de madera, en el desván de su casa de Pamplona. Los recuerdos que le evocaban eran, sin duda, dolorosos. Y allí ha permanecido este singular testimonio de la Guerra Civil, oculto a todos, hasta que María Eugena, su hija, decidió desempolvar y recuperar su legado fotográfico. Pablo Larraz Andía y Víctor Sierra- Sesúmaga lo han rescatado del olvido en La cámara en el macuto (Esfera de los libros) un libro que muestra por primera vez el trabajo de Taberna y el de otros seis fotógrafos y combatientes carlistas que se han mantenido durante 80 años en archivos familiares: Nicolás Ardanaz, Martín Gastañazatorre, José González de Heredia, Julio Guelbenzu, Germán Raguán y Lola Baleztena. Una mirada a la guerra desde los ojos de quienes la vivieron en primera persona, original y libre de consignas propagandísticas. No fueron profesionales, aunque tampoco meros aficionados en el sentido más limitado, porque tenían un cierto nivel de preparación y pericia técnicas y su calidad fotográfica es notable destaca el historiador Stanley G. Payne en el prólogo de esta obra respaldada por la Fundación Ignacio Larramendi, que da a conocer casi mil fotografías de interés histórico, de las que el 80 son inéditas. Entre ellas, como destaca Payne, la imagen de los