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ABC DOMINGO, 23 DE DICIEMBRE DE 2018 abc. es espana ESPAÑA 31 Apenas cinco metros separan las casas de Laura Luelmo y la de su asesino FOTOS: M. A. J. Los vecinos aún no dan crédito de la tragedia sufrida por Laura Luelmo dieron a su actual propietaria, la compañera de la joven maestra asesinada. El patriarca de la familia, una persona tranquila que ha renegado de su vástago, había seguido yendo a El Campillo los miércoles, cuando se celebra el mercadillo. Venía aquí un bar de la calle Sevilla, una de las principales del pueblo a tomarse algo con los funcionarios del Ayuntamiento, en plan grandeza, para ganarse al pueblo relata un habitual de este establecimiento. Además de él, nadie tenía constancia de que Luciano o Bernardo Montoya anduvieran por el lugar. Cuando nos hemos enterado de que él estaba ahí, se nos ha puesto el cuerpo malo asegura Rosa, una vecina de una calle paralela a la calle Córdoba, que confiesa que tanto ella como su hija de 30 años están viviendo la situación con muchos nervios y rabia Y miedo, mucho miedo. Hasta el punto de que algunos vecinos han recibido el ofrecimiento de contar con tratamiento psicológico, como una joven estudiante del instituto en el que impartió clases de Dibujo, brevemente, Laura Luelmo, y que además fue su vecina. Lo ha rechazado comenta Juani, su madre. Dice que a pesar del miedo es perfectamente consciente de lo que está pasando y que siente una gran impotencia La impotencia se convirtió en ira abierta el pasado 19 de diciembre, cuando, mientras Bernardo Montoya acompañaba a la Guardia Civil en el registro de su domicilio, varios vecinos saltaron el cordón policial y trataron de llegar hasta el detenido, llegando incluso a lanzar piedras o a saltar sobre el vehículo de la Benemérita que trataba de sacar a Montoya del pueblo. No es el comportamiento habitual de la gente de El Campillo, que ha demostrado su generosidad durante los días en los que se ha desarrollado la búsqueda. Incluso la alcaldesa de la localidad, Susana Rivas, ha pedido respeto frente a la imagen distorsionada e irreal que en las redes sociales se da sobre el municipio y sus vecinos y ha deseado que se desarrollen las medidas y reformas legales para que nadie más tenga que pasar por el sufrimiento padecido en El Campillo. El primer día Efectivamente, muchos no pueden dejar de pensar que esta muerte se podría haber evitado. Sabiendo lo que había pasado y que ahí vivía una persona que es un asesino, la Guardia Civil tenía que haber entrado en la casa el primer día asegura Miguel, de 68 años, que contempla junto a Nerea, de 23, el trajín de efectivos policiales y de periodistas que desde hace días han transformado la vida del pueblo. Hay que endurecer las penas, porque es incomprensible que se haya puesto en libertad a una persona que sólo dos meses después ha vuelto a asesinar lamenta, mientras Nerea traslada el sentimiento de terror que ha invadido especialmente al género femenino: Este es un pueblo tranquilo, donde las mujeres, si hemos tenido que salir de fiesta y volver andando a casa de madrugada, lo hemos hecho sin ningún tipo de problema, pero ahora... Ahora toca esperar a que la ley del tiempo devuelva a El Campillo la calma de la que siempre ha hecho gala.