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18 ESPAÑA DOMINGO, 23 DE DICIEMBRE DE 2018 abc. es espana ABC Del nacionalismo al independentismo La mala fama y el mayor paquete de cesiones Los nacionalistas hicieron enormes campañas contra Aznar, a partir de la mayoría absoluta del PP. Olvidaron las cesiones de 1996. Una E y no el CAT en las chapas de las matrículas fue todo a lo que Aznar dijo no Zapatero se dio cuenta tarde El que fuera presidente del Gobierno tras ocho años de gestión del PP, se agarró al frente anti- PP para ceder ante los independentistas. Al final de su mandato llegó a reconocer que los nacionalistas son insaciables. Del pacto del Majestic al del Palacio de Pedralbes, dos décadas de deslealtad Todos los intentos del Gobierno por contentar al nacionalismo se han saldado con sucesivos fracasos ÀLEX GUBERN DANIEL TERCERO BARCELONA l desembarco del Gobierno en Barcelona esta semana, y la cadena de gestos, cesiones y prácticas diplomáticas inéditas desplegadas para contentar al Ejecutivo catalán (y las formaciones que le sustentan) han generado críticas unánimes entre los partidos de la oposición. PP y Ciudadanos, pero también de manera cada vez menos velada algunos barones del PSOE, acusan al presidente, Pedro Sánchez, de vender el Estado, y España, a cambio de un apoyo puntual parlamentario del independentismo catalán, una claudicación que, paradógicamente, el secesionismo más radical reprocha también al gobierno de Quim Torra, a quien el viernes en una pintada se acusaba de ser un gobierno Vichy en alusión al colaboracionismo francés con Hitler durante la Segunda Guerra Mundial. Los últimos gestos del Gobierno reabren el debate sobre la oportunidad y la utilidad de la política de cesiones y E acercamientos practicados históricamente por los gobiernos de España, primero con el nacionalismo, y ahora directamente, con el secesionismo. La fórmula de cesiones permanentes a cambio de estabilidad puntual no resuelve la falta de lealtad de los nacionalistas. Del pacto del Majestic (1996) al del Palacio de Pedralbes (2018) van más de dos décadas de deslealtad. José María Aznar Nunca el nacionalismo obtuvo tanto En contra de cierto sentir popular, el presidente del Gobierno que más concesiones concretas entregó y menos negativas dispuso al nacionalismo catalán fue José María Aznar (PP) Aznar gobernó entre 1996 y 2000 su primera legislatura tras sellar un acuerdo con CiU, PNV y Coalición Canaria. Fueron los nacionalistas de Jordi Pujol los que con sus 16 escaños (el PP obtuvo 156 asientos en el Congreso) se convirtieron en imprescindibles para que el PP llegase a La Moncloa por primera vez, tras 14 años de gobiernos de Feli- pe González (PSOE) Una cena en el hotel Majestic de Barcelona, el 28 de abril de 1996, selló el acuerdo. Nació entonces el conocido como pacto del Majestic. El Gobierno de España transfirió a la Generalitat de Cataluña, y al resto de CC. AA, el 33 por ciento de la recaudación del IRPF (González lo había fijado en el 15 por ciento) el 35 por ciento de la recaudación del IVA (que hasta entonces era exclusivo del Gobierno) y el 40 por ciento de los impuestos especiales. Además, el pacto del Majestic supuso la expulsión de la Guardia Civil de las carreteras de Cataluña, competencias que asumieron desde entonces los Mossos d Esquadra, y amplió la gestión autonómica en detrimento de la central en ámbitos tan variados como justicia, educación, agricultura, cultura, farmacias, sanidad, empleo, puertos, medio ambiente, mediación de seguros y vivienda. Aznar aceptó, también, suprimir el servicio militar obligatorio y los gobernadores civiles, todo a petición de Pujol, líder nacionalista luego abocado a la causa secesionista que se llevó, por si fuera poco, la prima del acceso a los nuevos canales de TDT antes que otras regiones de España. Aunque no quedó por escrito, Aznar se cargó al líder del PP catalán Aleix Vidal- Quadras, que apuntaba un ascenso electoral en Cataluña en competencia con CiU. Y en 1998, ya desde el Go- bierno de España, se negó a recurrir la Ley de Política Lingüística del mismo Pujol, que discriminaba a los catalanes castellanoparlantes. Todo esto no sirvió para nada. CiU siguió reclamando más cuota de poder y, solo una década después, esta formación se convirtió en la punta de lanza del secesionismo. José Luis R. Zapatero Un Estatuto que nadie quería Entrados ya en una subasta por el pastel del Estado y tras cuatro años de mayoría absoluta del PP, José Luis Rodríguez Zapatero (PSOE) creyó por convicción propia o por influencia del PSC que un nuevo Estatuto de Autonomía de Cataluña calmaría los ánimos del nacionalismo. Nada más lejos de la realidad. Ni CiU ya con Artur Mas ni ERC que acabó votando en contra del Estatuto defendían una reforma del texto estatutario, que, entonces, incluso Pujol no consideraba necesaria. La reforma del Estatuto de 1979, en cuyo proyecto se implicó Pasqual Maragall (PSC) como presidente de la Generalitat, para presentar como obra de su mandato tras 23 años de gobiernos regionales de Pujol, erosionó al PSOE, consolidó la pugna entre las comunidades por más competencias en lugar de objetivar la descentralización en función de la mejora de los servicios y ra-