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ABC MARTES, 18 DE DICIEMBRE DE 2018 abc. es opinion OPINIÓN 13 UNA RAYA EN EL AGUA MONTECASSINO HERMANN EL SÍNDROME THILO SARRAZIN El votante deserta de la izquierda en busca de sentido común L OS partidos socialdemócratas europeos sufren una crisis existencial y muchos están ya muy cerca de seguir al histórico PSI italiano a la desaparición o al PSF francés a la quiebra y la agonía. Los militantes se les mueren o desertan como multitudes de votantes en Francia o Austria, en Alemania, Suecia u Holanda, que abandonan el hogar socialdemócrata para buscar protección y mejor representación en partidos de la derecha nacional. Doble espanto para las cúpulas de la izquierda europea. Se les van los votantes, pero además se van a las filas de su peor enemigo, objeto de todos sus insultos y diatribas. Pretenden los socialdemócratas que ese ciudadano honrado que les votaba a ellos se convierte de repente en un monstruoso nazi o fascista al que hay que combatir y marginar. Pero ya no cuela. En España estamos al comienzo de este proceso. Aunque puede que sea rápido. Las declaraciones de socialistas como Emiliano García- Page o Javier Lambán en defensa de la ilegalización de organizaciones que tengan como objetivo destruir Constitución, Estado y Nación revelan esa añoranza de sentido común. La que lleva al votante socialista a abandonar partidos secuestrados por el izquierdismo y buscar sentido común y representación real en partidos de la derecha nacional. Aun procede de la izquierda solo el 15 por ciento de los votos que llevaron al espectacular éxito del partido Vox. Aún no hay grandes bastiones del socialismo que pasan a ser graneros de voto derechista y nacional. Pero es previsible que pase. Porque estamos ante una crisis de representación. El socialismo representa cada vez menos al ciudadano trabajador y a las clases medias. Toda la izquierda responde ya a intereses de elites académicas y mediáticas y grupos de presión de minorías radicales. Ajenas a las preocupaciones del ciudadano europeo, al que no defienden ni representan. Al que adoctrinan, disciplinan e imponen hábitos de pensamiento y conducta. Y regañan. Ya saben, cazador vótame que la caza es de casposos y yo te la prohibiré. Así las cosas, es realmente extraordinario el caso de Thilo Sarrazin, un prohombre de la socialdemocracia de Berlín, al que el SPD intenta expulsar desde hace una década, sin éxito. Intelectual, escritor de superventas, gran comunicador y también hombre de empresa, fue jefe de la Hacienda de la ciudad de Berlín y miembro de la Junta directiva del Bundesbank. Cuando más falta hacen al SPD gente así, le vuelven a intentar echar ¡Facha, vete! Pues nada. No se deja. Ya lo intentaron en 2010 y en 2011. Dicen que sus libros perjudican al prestigio del SPD. Como si el SPD se hundiera porque Sarrazin venda libros a millones. El afectado está muy tranquilo. Yo sé que no he vulnerado ningún principio socialdemócrata con este libro, como tampoco con los anteriores Sus libros van desde una dura crítica a la forma de concebirse e imponerse el euro a la guerra de la corrección política contra la nación alemana, La abolición de Alemania por sí misma la obsesión por el disciplinamiento social con El terror moral y, por supuesto, la amenaza de la inmigración ilegal y el islam, causa del nuevo expediente de expulsión del SPD que se titula Ocupación enemiga Sarrazin tiene razón en que su defensa de la nación, de la legalidad, de las fronteras, de los derechos de los contribuyentes frente a la cultura del abuso y la inmigración ilegal son principios que defendió siempre la socialdemocracia. Y es que la mayoría de los legendarios líderes socialdemócratas desde Schumacher, Kreisky, Brandt o hoy serían candidatos a la expulsión como Sarrazin. O se habrían ido ya en busca de sentido común. Pero Thilo Sarrazin sigue ahí como gran denuncia viviente del delirio que destruye la izquierda europea. IGNACIO CAMACHO LA CAZA Y LOS TOROS En la escena electoral se ha colado el debate de la caza, con el que Vox ha captado muchos votos rurales bajo radar OMO la vida es mucho más compleja que el esquema habitual de pensamiento de cierta progresía urbana, en el escenario electoral español se ha colado de forma inopinada el debate de la caza, que era una cuestión subterránea hasta que el ecologismo Disney, de un lado, y Vox de otro, la han colocado en el centro del mapa. El partido de la derecha brava ha llenado su morral de votos rurales moviéndose bajo radar en esos pueblos de la Andalucía serrana donde la izquierda del PER sestea sin enterarse de lo que sucede en sus mismas barbas. Mucha gente del campo mantiene con la cacería una relación natural y ordinaria, mucho más comprometida con el medio ambiente que esa ministra despistada cuya superficial vocación prohibicionista ha provocado la razonable alarma del presidente de Castilla- La Mancha. Los gobernantes socialistas más apegados a la realidad cotidiana se han dado cuenta de la amenaza que el Gobierno bonito ha desatado con sus narcisistas poses de salón contra la caspa despectivo término que un tipo tan sensato como Ábalos hijo de torero ha aplicado sin mayor miramiento tanto a la actividad cinegética como a la tauromaquia. Ese desdén de apariencia ilustrada demuestra un notable desconocimiento de las claves sociológicas de España, común en un displicente progresismo a la violeta que trata con ignorancia el mundo de las comarcas agrarias. Esos lugares fuera de sitio por decirlo con la expresión de Sergio del Molino, que para la mentalidad dominante representan una especie de rémora rancia, condenada a la extinción frente al esplendor de la pujante vida ciudadana. Fue Ortega quien en La caza y los toros expresó con desapasionado rigor ético y analítico hasta qué punto esas dos pasiones nacionales son mucho más que un vestigio castizo. A la vieja controversia intelectual y social se ha unido la moderna corriente, tan respetable como sobredimensionada, del animalismo, que ha convertido la compasión en una ideología con un correlato político de superioridad moral que ya ha provocado en torno a Trump una rebelión silenciosa en Estados Unidos. Ahora despiertan también entre nosotros esos hillbillies cansados del trato peyorativo que le infligen a diario, desde las plataformas de opinión pública, los adalides de un posmodernismo frívolo aficionados a dictar conductas basadas en sus propios principios. Algunos dirigentes de olfato fino, como Page o Vara, han venteado el peligro de la arrogancia de sus colegas capitalinos que desconocen lo que se cuece cada mañana en el monte o la dehesa, entre encinas y olivos, allí donde la naturaleza y el ser humano cruzan sin agredirse, con mutuo respeto, sus destinos. Y ante el temor a una hecatombe electoral se esfuerzan por disipar malentendidos a tanto ecologista diletante que cree que el campo es ese pintoresco sitio en el que los corderos, los cerdos y los pollos corretean vivos. C JM NIETO Fe de ratas