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10 ENFOQUE JUEVES, 22 DE NOVIEMBRE DE 2018 abc. es ABC Estados Unidos, a la defensiva Una caravana de problemas FRANCISCO DE ANDRÉS Hace mucho que Honduras y El Salvador, los dos principales contribuyentes a las caravanas de emigrantes que afluyen a Tijuana, dejaron de ser estrictamente repúblicas bananeras Este infeliz tópico creado por la literatura norteamericana para describir al país pobre, sacudido por la corrupción y por la inestabilidad política, a lomos de los intereses extranjeros culminó con las dictaduras militares en Honduras y la guerra civil en El Salvador, en los años 80 y 90. No obstante, la situación en las dos naciones, en las que formalmente está instalado un régimen democrático y liberal, no dista mucho de la de los estados fallidos, como demuestra el compulsivo deseo de emigrar a los Estados Unidos por parte de su población. No se trata solo de garantizar el derecho al asilo de los miles de miembros de las caravanas, como decretó ayer un juez norteamericano; ni de establecer vías seguras para su peregrinaje, que siempre será penoso y desesperado. El problema debe enfocarse con honestidad y sentido común. Contribuir a que Honduras y El Salvador mejoren sus condiciones internas y frenen así la onda expansiva de la emigración es mucho más sencillo, por poner un ejemplo, que resolver en un santiamén la guerra en Siria para evitar el éxodo de sus habitantes hacia Europa. Honduras no supera los nueve millones de habitantes. El Salvador cuenta con poco más de seis. Los dos países viven desde hace al menos una década sumidos en la crisis económica, producto de la guerra, la corrupción y un sistema económico anacrónico. La puntilla a la pobreza está representada por el dramático clima de violencia que protagonizan las maras, las bandas del crimen y los cárteles de la droga. Tanto Honduras como El Salvador tienen el dudoso honor de encabezar las listas mundiales en número de crímenes por habitante. INTERNACIONAL A la izquierda, la secretaria de Estado de Seguridad Nacional, Kirstjen M. Nielsen, visita la valla de la frontera con México en San Diego. Bajo estás líneas, delante de una patrulla montada EFE REUTERS