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12 OPINIÓN VIDAS EJEMPLARES PUEBLA MIÉRCOLES, 14 DE NOVIEMBRE DE 2018 abc. es opinion ABC LUIS VENTOSO CENA CON LOS JOHNSON El jaleo del Brexit dista de estar resuelto con el supuesto acuerdo de ayer TANLEY Johnson tiene 78 años y normalmente una amplia sonrisa en la cara. Es uno de esos ingleses de buena cuna y carácter pintoresco, con los que cualquiera disfrutaría de una tarde de pintas y cháchara en un pub de solera. Estudiando en Oxford se subió a su moto y se marcó entera la ruta de Marco Polo. El polifacético Stanley fue diputado conservador y alto empleado del Banco Mundial y la UE. Más tarde se volvió ecologista, poeta, novelista y articulista (últimamente derrapa un poco y participa en esos concursos de famosos en situaciones chungas) Desoyendo al doctor Johnson, el sabio del XVIII que advertía que casarse por segunda vez supone el triunfo de la esperanza sobre la experiencia Stanley ha repetido y tiene seis hijos. En su primer matrimonio llegaron cuatro vástagos, de los que tres son populares: los políticos Boris y Jo y la periodista Rachel. Stanley es un bondadoso excéntrico. Su hijo Boris Johnson ha contado que era típico que en la cena de Nochebuena se presentase en casa con alguna persona solitaria que se había topado por la calle y le había inspirado compasión. Cenar hoy en casa de los Johnson debe ser como hacerlo en el gallinero de las familias catalanas rotas por el procés El viejo Stanley es un ardiente europeísta. Por el contrario, su hijo Boris fue el mascarón del Leave, el que encandiló a los británicos con sus soflamas nacionalistas y sus boutades de estrella de rock. El otro hermano metido en política, Jo, es también conservador, pero ha salido al padre y defiende la permanencia en la UE. La guerra de los Johnson resume bien el Brexit, pues en buena medida todo se reduce a una gresca interna del partido tory. Boris dimitió como ministro de Exteriores dando un portazo en julio, porque no le convencía el acuerdo de salida de May, que le parecía entreguista. Jo Johnson acaba de renunciar como secretario de Estado de Transportes por la misma razón, pero desde el ángulo contrario: el plan de May le parece insuficiente y aboga por un segundo referéndum que permita a los británicos enmendar su tiro en el pie. Tras 18 meses de negociación a cara de perro, anoche se anunció que la UE y el Reino Unido han alcanzado un principio de acuerdo para el Brexit. La libra subió como el champán, porque los mercados sabían que romper a la brava con la UE, su mayor mercado, era un suicidio a cámara lenta para la economía británica. May, que hizo campaña a favor de la permanencia y luego adoptó un rictus brexitero para calmar a su bancada eurófoba, ha buscado el acuerdo lógico, el que dé el mayor acceso posible al mercado único y les garantice en cierta forma disfrutar de la unión aduanera. Es decir, seguir en la UE pero sin que lo parezca y escaqueándose de la hucha común. Pero su maniobra, meritoria por difícil, dista de haber triunfado. Jo Johnson cree que para esto mejor habría sido quedarse en la UE. Su hermano Boris rechaza el acuerdo voceando que deja al Reino Unido como un Estado vasallo El psicodrama de los tories va continuar jugando con el destino de un país que simplemente se creyó más de lo que hoy es y votó mal. S HORIZONTE RAMÓN PÉREZ- MAURA SE TRATA DE PROHIBIR Los socialdemócratas de todos los partidos han renunciado a demostrar sus tesis supuestamente científicas y prefieren actuar por decreto R ECUERDO bien la impresión que me causó la lectura, cuando yo contaba 30 años de edad, de un alegato político escrito por el entonces candidato a diputado por Cantabria Alfonso Osorio. Él había sido procurador en Cortes, ministro de la Presidencia en el primer Gobierno de la Monarquía, vicepresidente del Gobierno con Adolfo Suárez, senador por designación real... Osorio era entonces uno de los dirigentes relevantes de Alianza Popular y había publicado en 1985 en Plaza y Janés el libro titulado Escrito desde la derecha. Canto a la libertad Alegaba en él y lo manifestaba en la portada que la derecha española tiene que definirse en el futuro no por su afición al orden y la autoridad, sino por su amor a la libertad. Los políticos de la derecha tenemos que trabajar para el corto y para el largo plazo Visto desde hoy, aquel libro era precursor a la vez que revolucionario. Alguien que se atrevía a definirse sin vergüenza como de derechas hacía un canto a la libertad. Y en verdad acertaba a ubicar a la derecha española en el lugar que le correspondía políticamente. Porque esa izquierda a la que se le llenaba la boca con falsas evocaciones de libertad acabaría demostrando que su única forma de gobernar era coartando libertades. Prohibiendo. Los ejemplos hoy son infinitos, pero baste emplear dos. Ayer mismo conocíamos la última iniciativa del Gobierno de la nación que, como casi todas, pasa por una nueva prohibición. Ahora hay que vedar el uso de vehículos de combustible, cualquiera que éste sea. Confieso mi escepticismo sobre el verdadero impacto de los combustibles sobre el medio ambiente. Pero los gobiernos de nuestros días, especialmente los de los socialdemócratas de todos los partidos, han renunciado a demostrar irrebatiblemente sus tesis supuestamente científicas y prefieren actuar por decreto y prohibir. El problema está en que la derecha no se atreve a contraargumentar y reivindicar las libertades frente a las prohibiciones. Todos recordamos la campaña contra el tabaco de la hoy presidenta del Consejo de Estado, Teresa Fernández de la Vega, cuando era vicepresidenta con Rodríguez Zapatero. Parece evidente que el humo no es bueno para nadie. Pero los mismos que defienden el derecho a la eutanasia libre querían prohibir el derecho a fumar. Aprobaron una ley por la que restaurantes y demás negocios de hostelería podían escoger si querían ser de fumadores o de no fumadores. El resultado fue que la inmensa mayoría de los clientes optaban por los establecimientos en los que podían fumar. Vade Retro Satanas Los españoles mayores de edad y al corriente del pago de sus impuestos perdieron el derecho a elegir porque se equivocan. Como en el mejor despotismo ilustrado, el Gobierno decidió entonces, como lo hace hoy, lo que es mejor para el elector. Vivimos coaccionados por una izquierda sin legitimidad electoral que cada día anuncia una nueva prohibición y la jalea con su máquina de propaganda mediática. No aspiran a convencer al elector porque saben que engañar no es tan fácil. Así que emplean los instrumentos del poder para imponer sus políticas de prohibición. Si es tan bueno para todos que desaparezcan los vehículos de combustión, ¿por qué no ponen en marcha los incentivos necesarios para seducir a la industria y a los clientes para que renuncien a los vehículos malignos y apuesten por los buenos? ¿Acaso intentan hacernos creer que todos queremos el mal menos ustedes que son los únicos que quieren el bien y nos lo impondrán por decreto? Por favor...