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62 AGENDA Necrológicas y esquelas Marceline Loridan- Ivens (1928- 2018) MIÉRCOLES, 3 DE OCTUBRE DE 2018 abc. es ABC Sobrevivió a Auschwitz y admiró a Mao No dejó de testimoniar sobre su trágica experiencia hasta el final de sus días n el convoy número 71 que partió el 13 de abril de 1944, siguiendo el macabro itinerario establecido dos años antes por el ocupante nazi, desde el campo de internamiento de Drancy con destino a Auschwitz, viajaban, junto a tantos otros judíos víctimas de redadas, tres jóvenes adolescentes a quienes la dura prueba unió en una inquebrantable amistad y que, una vez liberadas, protagonizaron brillantes carreras en la vida pública, cada una en su sector. La primera era Simone Veil, fallecida el pasado año, una de las políticas más carismáticas de la Francia contemporánea; la segunda, Anne- Lise Stern, fue una aventajada discípula de Jacques Lacan; la tercera, Marceline Rozenberg, terminó siendo una original productora cinematográfica. Rozenberg había nacido en el municipio loreno de Épinal, hija de un matrimonio de judíos polacos llegados a Francia poco después del final de la Primera Guerra Mundial. Vivió una infancia tranquila en la que su religión no supuso obstáculo alguno. El estallido del siguiente conflicto bélico trastornó esa cómoda existencia. Al poco de ser invadida Francia, la familia Rozenberg se trasladó a un municipio de la provincia de Aviñón, sito E EFE en la zona libre. La ocupación alemana de todo el territorio galo, a partir de 1942, estrechó el cerco sobre los judíos, cuya seguridad, que ya era precaria, pasó a ser inexistente. Los Rozeneberg no fueron una excepción. Marceline fue detenida y embarcada junto a su padre, al que nunca volvió a ver una vez llegaron al triste destino. De Auschwitz fue Marceline Rozenberg nació el 19 de marzo de 1928 en Épinal (Francia) y falleció el 18 de septiembre de 2018 en París. Fue deportada a diversos campos nazis entre 1944 y 1945. Tras su liberación trabajó en diversos ámbitos culturales hasta decantarse por el cine. Junto a su segundo marido, Joris Ivens, realizó documentales y películas, varios en la China maoista. trasladada a Bergen- Belsen, y de allí al campo de Theresienstadt, cerca de Praga, donde se dio cuenta de que su calvario había terminado cuando vio entrar a un motorista del Ejército Rojo. Era el 10 de mayo de 1945, dos días después de la capitulación alemana. Como muchos supervivientes, Marceline nunca dejó de testimoniar sobre su trágica experiencia hasta el final de sus días: la última vez fue a principios de este año. En paralelo a esta actividad de memoria, Rozenberg, tras un breve matrimonio con el ingeniero Francis Loridan que le permitió conservar su apellido tras el divorcio y una fugaz militancia en el Partido Comunista, ejerció diversos oficios en el ambiente cultural parisino de los cincuenta, colaborando con Roland Barthes o Georges Pérec. Fue, sin embargo, el sociólogo Edgar Morin el que le inculcó la pasión cinematográfica, que fue su profesión definitiva y que le permitió conocer a su segundo marido, el realizador holandés Joris Ivens. Juntos viajaron a Vietnam, donde fueron recibidos por Ho Chi Minh y ella le ayudó en su película El decimoséptimo paralelo que fue de gran utilidad para la propaganda vietnamita. El matrimonio, de sólidas convicciones izquierdistas, repitió la experiencia a principios de los setenta en la China maoísta, y realizaron doce documentales poco críticos. Pero no lo suficientemente elogiosos para la mujer de Mao, Juan Qing, que pidió la expulsión de la pareja. JOSÉ MARÍA BALLESTER ESQUIVIAS